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Uno, que ya ha cumplido unos años y de casi todo han transcurrido 20, recuerda el día de Reyes como un día de ilusión y como prácticamente el único del año en que había regalos, o mejor, en el que había juguetes, que es la expresión que utilizábamos los niños de entonces. Los nervios te acompañaban desde días antes porque el ritual era largo. Comenzaba con la decisión íntima de lo que querías pedir, siempre sin pasarte porque intuías, no lo sabías a ciencia cierta, que todo no iba a poder ser, así que había que elegir, y eso era un inconveniente con solución complicada porque resultaba difícil renunciar a algunas cosas. Después le llegaba la hora a la redacción de la carta bien en algún modelo ya preparado procedente de comercios o bien de forma autónoma o estilo libre que para mí era lo más habitual y, además, te permitía alojar algún dibujo relacionado con la efeméride o con los juguetes citados en el texto. Había que esmerarse en su redacción porque si los Reyes, me decían mis padres, veían una carta sucia, emborronada y con faltas de ortografía la tirarían inmediatamente a la papelera sin hacerle ningún caso trayéndote solamente y en consecuencia el tan temido “Carbón”.
Hecha la elección y redactada la carta el siguiente paso consistía en su entrega en mano a los Reyes o sus Pajes que durante días desafiaban al frío en algunos lugares de Madrid, tradicionalmente en El Corte Inglés, los Reyes y en Galería Preciados sus Pajes. Supongo que a la mayoría de los niños nos gustaba más hacer la entrega directamente en mano de alguno de los tres Reyes Magos dada las enormes colas que había para acceder un momento a sus piernas, escuchar las preguntas mágicas: ¿has sido bueno? ¿has estudiado mucho? ¿te has portado bien con tus padres? mientras el fotógrafo te inmortalizaba en una foto que, si tus padres adquirían, llegaría a casa en unos días después, pero, claro, yo de esto no tenía ni idea, lo importante había sido el encuentro, las preguntas y la carta dejada en el saco o en el baúl, mensajera de sueños y deseos que poco después se harían realidad… o no.
Ya está completo todo el ritual previo. Sólo falta esperar el gran día o mejor la gran noche.
Transcurre el tiempo lentamente. Los amigos nos contamos lo pedido, pistolas, el fuerte de los americanos, balones, coches de cuerda, álbumes de cromos, soldados, animales… y la bici. Las niñas iban por otro lado, la educación era sexista y ellas querían muñecas, cocinitas y esas cosas que las hacían diferentes en sus gustos y aficiones de los chicos, aunque visto en la distancia, parece que a pesar de lo que pueda parecer las cosas han cambiado poco.
Las vacaciones escolares siguen su curso y el día se acerca. Van pasando las fiestas con sus comidas extraordinarias, sus noches alargadas en veladas familiares y la televisión. Mucha TV en blanco y negro con anuncios de impresionantes juguetes, con dibujos animados y películas aptas para todas las edades. El frío no nos echa atrás, bufanda, gorro, guantes y abrigo, la calle es testigo de nuestros juegos y de nuestras ilusiones. El humo que sale de las chimeneas de las casas crea un ambiente con olor a leña y a pueblo que envuelve la plaza y la calle embarrada. Al atardecer unas tristes bombillas la iluminan señalando el momento de regreso al hogar y las arduas tareas que con frecuencia diaria hay que hacer. Los deberes escolares para las vacaciones, los problemas de “Mates”, estudiar las lecciones de Lengua, de Historia o de Religión… “si no los terminas no te van a traer nada los Reyes”. Amenaza certera que te hace espabilar para ir terminando. Pero también en casa hay tiempo para divertirse con los tebeos o haciendo dibujos, leyendo los pocos libros de aventuras que hay en la estantería o jugando con restos de juguetes de otros años. La vida es muy sencilla, pero se aproxima a una vida feliz según yo la recuerdo.

El día 5 de enero transcurre lento, parece que los minutos no pasan. Se notan los nervios entre la chiquillería y es posible que un cierto ajetreo de última hora en las familias pase desapercibido para los que no estamos todavía al tanto de cómo funciona el asunto. Esa noche toca acostarse más temprano, en cuanto anochece parece que sus Majestades empiezan su titánica tarea de reparto que debe llegar a todos los hogares antes de las primera luces del día mágico, el 6 de enero. No es fácil conciliar el sueño pero finalmente te vence el cansancio de los juegos en la calle y el nerviosismo acumulado. Nada se oye durante la noche, todo es silencio.

Despiertas mucho antes que un día normal, el frío del amanecer no impide que salgas del mundo de los sueños y entres en otro real pero también lleno de sueños cumplidos.

Los Reyes, en mi casa, dejaban su carga en la habitación de mis padres. Enfrente de la cama había un par de sillones individuales con brazos de madera oscura que servían ese día de soporte a los juguetes. Yo entraba allí con Mama Pepa, mi abuela, que dormía en una cama junto a la mía y se levantaba en cuanto notaba mis primeras inquietudes al despertar. Los ojos abiertos al máximo y dirigidos hacia los sillones en busca del ansiado botín. En una ocasión, 6 de enero de 1960,  una bicicleta ocultó la vista a todo lo demás, aunque realmente no recuerdo si hubo algo más. La bicicleta me pareció enorme, era azul y con guardabarros niquelados, se sujetaba en el suelo, sin apoyo, gracias a dos ruedines traseros y tenía un timbre también niquelado que haría sonar muchas veces durante mucho tiempo, creo que era de marca Orbea, con frenos de varilla y sillín de cuero. Aquello me quedó en la memoria y esa bicicleta me hizo feliz el día que la recibí y muchos más durante los años que duró.

Tras tomar posesión de todos los juguetes me metía en la cama, entre mi madre y mi padre, con algunos de ellos, o con alguno de los cuentos que solían acompañarlos. Solían dejarme también una tarjeta con mi nombre y firmada por los tres Reyes como esta que adjunto. Mi abuela nos traía a la cama  unos borrachelos (dulces de hojaldre típicos malagueños que ella misma elaboraba) con miel o con azúcar y los acompañaba con un sorbito de anís Las Cadenas en un pequeño vaso de cristal de los que creo que aún existe alguno. Después tocaba levantarse, asearse y vestirse para salir a la calle cuanto antes a compartir con el resto del vecindario lo que habíamos recibido. Se nos iba la vista a lo que llevaran los amigos, no fuera que superase lo propio. Incluso veías alguna cosa con envidia porque a ti no te había tocado. Pero, bueno, después de todo, se disfrutaba con tus nuevos juguetes y enseguida se empezaba a compartir juego con el resto, con el balón o con la escopeta, con los soldados o con cualquier otra cosa porque lo individual se guardaba para casa.

La bicicleta, como digo, fue la estrella de aquellos Reyes de 1960. Me pareció enorme en su momento y creo haberla tenido hasta que se quedó pequeña. Si no recuerdo mal se la terminó llevando un primo de Barcelona. En ella aprendí a montar, primero con los ruedines, después con uno sólo y, finalmente sin ellos. Mi madre bajaba conmigo al muelle de la estación y con paciencia me acompañaba sujetándola por el sillín que poco a poco iba soltando hasta que fui capaz de mantener el equilibrio por mi mismo. Después fue motivo de diversión para muchos de mis amigos, todos los que podíamos nos subíamos en ella y nos dejábamos caer por la cuesta de los curas hasta llegar a la carretera que unía Pozuelo Estación con Pozuelo Pueblo. A veces íbamos hasta 6 ó 7 encaramados a la pobre bicicleta, pero era dura, aguantó todo esto sin romperse.

Heme aquí, bien abrigado en la bicicleta y acompañado por mi padre durante un paseo hacia el centro del pueblo. Tan sólo era 17 de enero, por lo que las ruedas auxiliares todavía se mantienen.

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Haciendo un repaso de fotos guardadas en algún disco duro di ayer con esta que no destaca por su calidad pero tiene interés para mi por ser, creo, la única en la que estamos todos los que fuimos en su momento Coordinadores del Servicio de Atención a Usuarios en las distintas bibliotecas de la Universidad Carlos III.

La foto está tomada el 4 de marzo de 2008 en una cafetería de Leganés durante el descanso de un curso sobre publicación en web.

El grupo acabó disuelto debido a una reestructuración de los servicios bibliotecarios. Quedamos tres Coordinadores de AU y los otros tres, concretamente los de turno de mañana, pasaron a ser Coordinadores de Acción Docente (CAD) para relaciones con el PDI. Les subieron a Nivel 25 y lo llevaron todo, las responsables, de manera un tanto escondida o secreta hasta que nos lo presentaron como hecho consumado. Yo me pillé un buen rebote y así se lo hice saber tanto a Mayte Ramos (Directora de la Biblioteca de Colmenarejo) como a Margarita Taladriz (Directora del Servicio d Biblioteca).

En la foto aparecemos Alicia González Arteaga (CoordAU de tarde en Leganés. Se fue a trabajar a Oviedo), Regina Sonet (Coordau de tarde CSJ, actualmente en Leganés pero ya como Auxiliar puesto que es interina), Carmen Dominguez (CoordAU de mañana, actualmente CAD), Julio Macías (CoordAU de mañana en Leganés, actualmente CAD), Paco López (CoordAU de mañana en Colmenarejo, actualmente CAD) y yo (CoordAU de tarde en Colmenarejo)

Abbey Road (2)

Publicado: 04/08/2011 en The Beatles
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El sábado 18 de junio de 2011 estuve en Abbey Road y me hice la misma foto que miles de turistas hacen en tan mítico lugar. Quede aquí constancia de ello.

Yo, por Xaicam

Publicado: 01/11/2010 en KDDs, Retratos
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De la KDD en Trujillo el 23 de octubre de 2010. Fotos hechas por Antonio Macías (Xaicam), a quien le agradezco que me haya sacado tan bien, que no es fácil.

No cualquiera da bien a cámara o, dicho en lenguaje más coloquial, no todo el mundo es fotogénico y sale bien en las fotos. Yo no lo soy, ni lo es nadie en mi casa. Será por eso por lo que no logro que posen para mi y ni siquiera me hago auorretratos. A todos se nos nota forzados en las fotos en las que aparecemos y sabemos que nos la están haciendo.

Es curiso como algunas personas se encuentran cómodas delante de una cámara, posan de manera natural e incluso son capaces de adoptar actitudes sugeridas por el fotográfo. Hay bastantes ejemplos en Caborian, y ha sido una compañera de este foro la que ha conseguido de mi un par de fotografías en las que no aparezco rígido sino algo más natural y próximo a cómo yo soy, lo cual no quiere decir que salga “guapo” porque es difícil sacar de dónde no hay. Vaya desde aquí mi agradecimiento a Lourdes Ramos por estas dos fotos:

La primera está tomada en la estación de Atocha, en Madrid, en la primera KDD de gente de Caborian a la que acudí, 23 de agoso de 2008. La otra en Trujillo, 23 de octubre de 201o.