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Entre los días 10 y 13 de mayo de 1931, un mes después de proclamada la Segunda República en España, comienzan en Madrid una serie de disturbios anticlericales que se extenderán rapidamente a otros lugares, entre ellos la ciudad de Málaga. Los disturbios tuvieron su origen en una pastoral publicada por el cardenal Pedro Segura (cardenal primado de España hasta su destitución al proclamarse la República) en la instaba a los fieles a defender los principios y los bienes de la Iglesia Católica contra el laicismo que se esxtendía de forma imparable. La pastoral se consideró casi como una declaración de guerra y la reacción fue la quema incontrolada de conventos y la ola de violencia contra las instituciones eclesiales.

En Málaga los disturbios tuvieron lugar durante la noche del día 11 y todo el día 12, y comenzaron al recibirse noticias de lo que estaba sucediendo en Madrid.

Mi tío Federico, hermano de mi madre, tenía 17 años, por lo que le supongo correteando por aquellas peligrosas calles en compañia de sus amigos. En un cuadernillo de notas encuentro una de mi tío que da cuenta de su ingreso en “el cuartel de Álava (¿?) el día 17 de septiembre del año 1928 a los 15 de edad”, por lo que también es posible que anduviera por las calles en su condición de algún tipo de “autoridad” que desconozco. Mi madre alguna vez me contó que su hermano fue Guardia de Asalto, pero en estos momentos no debería serlo todavía dado que dicho Cuerpo se creó en 1932. En cualquier caso se topó con algunos restos de la barbarie incontrolada que se estaba produciendo y acertó a coger del suelo una cabeza de entre los trozos esparcidos de un Cristo destrozado. La llevó a su casa y desde entonces ha ido acompañando a mi familia, ahora está conmigo en un estado que no sé si calificar de peor al que ha tenido ya que numerosos y pequeños desconchones producen sensación de deterioro creciente.

Añado aquí las fotos de tal “reliquia” acompañando, para contextualizarla y ampliar información, a los textos de periodistas o escritores que han tratado el tema de aquella violencia y que he podido encontrar en Internet.

En 2006, el periódico La Opinión de Málaga publica la siguente crónico con motivo del 75 aniversario de los sucesos:

El 11 y el 12 de mayo de 1931 han pasado a la historia por la quema de los conventos. 40 edificios religiosos y civiles fueron asaltados o incendiados. 75 años después, pocos entienden las causas

IGNACIO A. CASTILLO. MÁLAGA Durante los días siguientes, Málaga seguía oliendo a humo. Una intensa peste que se metía por la nariz y que dificultaba la respiración. Insoportable. La Guardia Civil ya sí estaba apostada a las puertas de los templos. Su sola presencia sirvió para disuadir a los alborotadores de continuar con su labor destructora. La ciudad estaba en estado de guerra después de que, no se sabía bien por qué, miles de de personas se unieran el 11 de mayo para asaltar e incendiar las iglesias y los conventos de la ciudad. De eso hace hoy 75 años. Y después de este tiempo, muchos malagueños que vivieron aquellos sucesos cuando eran niños, siguen sin entender los motivos de esta ola de violencia.
Más de 40 edificios civiles, y sobre todo religiosos, fueron asaltados y, en su caso, incendiados. La mayor parte del patrimonio religioso y artístico de la ciudad se consumió en medio de las llamas o fue destrozado a golpes. También desaparecieron los archivos documentales de siglos.
Fue la consecuencia más extrema y devastadora de la corriente anticlerical que desde hacía años existía en España y que tuvo lugar a menos de un mes de haber sido proclamada la II República, a pesar de que el gobierno del entonces presidente, Niceto Alcalá Zamora, condenara tan radical ola de violencia.
La clave pudo estar en la aparente impunidad que encontraron los alborotadores, ya que el gobernador militar, el general Juan Gómez García Caminero, ordenó la retirada de la Guardia Civil. Las autoridades no querían dar una respuesta que se hubiese considerado como represiva. Vía libre para los asaltos que, si en principio podían tener una base ideológica con objetivos muy definidos, luego se convirtió en una auténtica ola destructiva y vandálica. Esta es la tesis que argumenta el doctor en Historia Contemporánea José Jiménez Guerrero, que el próximo 19 de mayo presenta en el Rectorado su libro `La quema de conventos en Málaga. Mayo de 1931´.
Objetivos definidos. “En sus inicios, los ataques en Málaga fueron un reflejo de lo ocurrido en Madrid un día antes. Aquí se asaltaron y, en casos, se destruyeron más de cuarenta edificios, no sólo religiosos. También atacaron la sede del periódico La Unión Mercantil y la de los almacenes Creixell, ambos del mismo dueño. En la capital de España, el día antes, se atacó el edificio del ABC y la residencia de los jesuitas, así como otros edificios religiosos. La Compañía de Jesús tampoco se libró en Málaga durante la primera fase de conflicto. La relevancia de la Orden y el deseo de actuar contra ella era evidente. También se incendió la iglesia de Santo Domingo, donde recibían culto las dos cofradías más importantes de la ciudad en ese momento: Esperanza y Mena. La primera representaba el estilo y características que se quería imprimir a la Semana Santa desde los años 20; y la segunda poseía una vinculación con el Ejército, cuestionada desde sectores anticlericales, así como tenía como imagen titular al carismático Cristo de la Buena Muerte, obra de Pedro de Mena”, explica el profesor.
En las primeras horas también se incendió el Palacio Episcopal, el símbolo espacial del poder del clero. El obispo, Manuel González, tuvo que huir de la ciudad ayudado incluso por algunos republicanos, que tampoco entendían tanta violencia. Lo ocurrido durante la madrugada y durante el día 12, se puede incluir dentro de una segunda fase y responde a una reacción en masa, gentes que aprovecharon la circunstancias para dar rienda suelta a su radicalismo y acabar con todo lo que se le ponía por delante, amparados en el anonimato de la multitud. Unos vándalos. Aunque después hubo más de 200 detenidos y unas 150 personas ingresaron en prisión.
Hay quien se arrepintió con el paso de los años. Lola Carrera, en su documentado libro `Historias y Anécdotas de la Semana Santa de Málaga´, narra la historia de un hombre que participó en la quema de la iglesia de la Merced y de la Virgen de la Piedad, que allí recibía culto y, ya mayor, confesó su error a la cofradía y llegó a participar de promesa en la procesión, tras el trono, revestido de hábito nazareno.
Manuel Sánchez Ballester tenía cinco años en mayo de 1931 y vivía en el mismo lugar que hoy ocupa el antiguo y abandonado cine Andalucía. “Recuerdo, como si fuera ayer, cómo desde la ventana de mi casa veía una hoguera en el centro de la plaza de la Merced, delante de las Casas de Campo, donde quemaron al Cristo de la Sangre y otras imágenes”, relata.
“Mi padre me contaba que muchos de los asaltantes, al entrar en la iglesia de Santiago, se quitaban la boina. Luego, algo de respeto sentían al acceder al templo. Creo que muchos se vieron empujados y se dejaron contagiar por el ambiente de violencia que existía. Las tasas de analfabetismo entonces eran enormes y fueron víctimas de la manipulación. Entraban a quemar las iglesias como el que iba a comprarse un merengue en la confitería La Imperial”, añade Sánchez Ballester, quien, después de 75 años, aún no comprende por qué ocurrió todo lo que presenció desde aquella ventana.
Victoria Palma, hija del escultor Francisco Palma García y hermana del también artista Francisco Palma Burgos, recordaba en un reportaje publicado en este periódico la impresión que le causó, cuando era pequeña, ver a su padre entrando en su casa de la calle Cobertizo del Conde llorando, oliendo a humo, y con un misterioso objeto envuelto en su gabardina que resultó ser una pierna del Cristo de Mena, lo único que consiguió salvar del incendio de Santo Domingo en su valerosa incursión entre los violentos, que incluso saboteaban el trabajo de los bomberos en su intento por extinguir el fuego.
Rescates. Muchas fueron las personas, de toda ideología y condición, que protagonizaron estos heroicos episodios, enfrentándose a los agitadores, ayudando a monjas y curas o entrando en las iglesias en llamas, para tratar de salvar alguna imagen o pieza del ajuar de las cofradías. En la Merced desaparecieron las imágenes del Cristo de los Gitanos, la Sangre, Viñeros o la Piedad; en el Carmen, la Virgen del Carmen o el Señor de la Misericordia; en San Pablo, la Soledad… y en Santo Domingo, además del Cristo de la Buena Muerte, el Nazareno del Paso y, en principio, también se creía que la Esperanza.
Pero un joven, Francisco Sánchez Segarra, logró rescatar la cabeza en el último instante y la devolvió a la archicofradía a los pocos días. María Teresa Villarejo, hija del que durante muchos años fuera el hermano mayor, Francisco Villarejo, y la hermana más antigua de la corporación, tenía 23 años en mayo de 1931. Dos años antes, contrajo matrimonio en Santo Domingo con Julio Gancedo, que luego llegó a ser también hermano mayor de la Esperanza. Recuerda a sus 98 años de edad los sucesos del 11 y 12 de mayo con suma facilidad. Aún se emociona. “Un día llegó mi marido con un paquete liado en periódicos: era la cabeza de la Virgen”, recuerda con gran cariño. Luego, Adrián Risueño la restauró y se puso al culto en la Catedral antes de regresar a Santo Domingo.
María Teresa vivía en la esquina de la calle Calderería con Marqués del Vado. Aún se le saltan las lágrimas al recordar las dantescas escenas que vivió en la calle Granada. “Había mujeres de mala vida y hombres que se disfrazaban con las casullas y roquetes que sacaban de las iglesias, se burlaban y bebían de los copones y cálices profanados. Se me caían las lágrimas y mi marido me pedía que no llorara, porque nos podían descubrir”, relata.
Aún recuerda el tumulto, los grupos armados con palos y piquetes, las incontables pavesas que caían sobre las cabezas de los viandantes y el miedo en esa noche trágica y en los días posteriores. “Lo quemaron todo. Desde los Montes de Málaga se veía la ciudad ardiendo y con grandes columnas de humo. Todo el mundo estaba metido en sus casas, horrorizado, sin atreverse a salir y sin saber qué hacer. Todavía no entiendo como el hombre puede tener esa capacidad de destruir”, concluye María Teresa Villarejo.
Han pasado 75 años de aquellos sucesos de mayo de 1931 y, pese al tiempo transcurrido, la quema de conventos continúa en la memoria colectiva y se considera uno de los acontecimientos más trascendentales vividos en Málaga en el siglo XX. Aquello causó una gran fractura en la sociedad de consecuencias fratricidas. Ahora, más allá de ideologías y creencias, todos concluyen que estos episodios nunca debieron haberse producido.

El siguiente artículo está sacado de AQUÍ , una página que pide el voto para el P-LIB (Partido Liberal) para las póximas elecciones del 20-N

“La quema de conventos en Málaga. Mayo de 1931”

                                                              José Jiménez Guerrero. La ira sagrada en la Segunda República

 19-ene-2010  –  Miguel Ángel Jiménez Guerra
Málaga fue una de las ciudades más afectadas por la quema y saqueo de conventos e iglesias que se desató a principios de la Segunda República.

Los visitantes foráneos de Málaga y sus más jóvenes ciudadanos poco conocen acerca de los hechos acaecidos en la ciudad en mayo de 1931. Una especie de locura colectiva arrasó con la gran mayoría de sus iglesias y conventos en una orgía de fuego y destrucción. La capital malagueña perdió importantísimas obras de arte y su patrimonio artístico e histórico no ha podido recuperarse nunca de tales sucesos.

Anticlericarismo

Las ideas anticlericales tienen carta de naturaleza desde el siglo XVIII. Basadas en pensadores como Voltaire propugnan la separación total entre Iglesia y Estado, circunscribiendo la religión al ámbito privado de cada individuo.

En el caso español, tales ideas tomaron particular fuerza en el siglo XIX, con hitos importantes, como la desamortización de bienes eclesiásticos emprendida por el ministro Mendizábal en 1836. Todo el siglo XIX en nuestro país es una lucha constante entre liberales y conservadores, entre laicistas y clericales.

El siglo XX sería testigo de los episodios más trágicos de esta lucha.

Málaga: una sociedad dividida

En el libro de José Jiménez Guerrero, doctor en historia por la Universidad de Málaga, se recoge magistralmente el ambiente previo a la proclamación de la República en la ciudad. Málaga ha tenido siempre una gran tradición con su Semana Santa y ya en aquella época atraía a numerosos visitantes por la gran fama de sus imágenes. Los años veinte habían sido una época de gran esplendor en este sentido.

La Semana Santa de 1931, celebrada pocos días antes de ser proclamada la República, va a ser vivida en medio de una gran tensión, debido a campañas anticlericales contrarias a la salida de los tronos a la calle. El incidente más grave se producirá el Martes Santo, cuando la explosión de un petardo cerca de calle Larios durante una de las procesiones provocó una estampida de la que resultaron varios heridos.

El detonante

La proclamación de la República fue ampliamente celebrada en Málaga sin apenas incidentes, si bien cabe mencionar la sustitución de la estatua del marqués de Larios, el gran terrateniente e industrial de la ciudad, por la de un obrero.

Es en la noche del 11 de mayo, un mes después de proclamada, cuando va a desatarse un verdadero infierno en la ciudad, sobre todo para sus habitantes más católicos. Los acontecimientos malagueños siguieron la estela de los sucedidos en Madrid.

El detonante fue una carta del arzobispo de Toledo, cardenal Segura, que fue considerada por el gobierno como hostil al régimen republicano, lo que produjo que grupos de radicales intentaran quemar la sede del periódico ABC y atacaran varios edificios religiosos en la capital del país.

Noche de incendios

Las noticias que llegan a Málaga desatan la histeria y grupos incontrolados comienzan a imitar las acciones de Madrid. El palacio del obispo es quemado y destruido por completo, así como la gran mayoría de las iglesias y conventos de la ciudad. Sucede lo mismo con la sede del diario conservador “La Unión Mercantil” y los almacenes Creixell. La gran onda expansiva de estos acontecimientos llegará también a muchos pueblos de la provincia.

Según investigaciones posteriores, parece ser que al menos los ataques sucedidos en el centro de la ciudad estuvieron organizados por elementos de la izquierda más radical. Los producidos en las barriadas periféricas parecen más bien llevados a cabo por golfos y delincuentes habituales de los estratos más bajos.

Ciertamente, la autoridad, a pesar de contar con escasos medios, poco hizo por evitar la catástrofe y solo reaccionó practicando algunas detenciones cuando el mal ya se había consumado. Resulta increíble el ensañamiento que se produjo esa noche contra todo lo que oliera a sacristía.

La muchedumbre penetraba en las iglesias, destruía, quemaba y saqueaba sin piedad. A las puertas de los templos se formaban grandes hogueras en las que se quemaban arbitrariamente tallas de gran valor histórico junto con todo tipo de objetos eclesiásticos. Los huesos de frailes y monjas enterrados eran sacados a la calle en procesión burlesca. Quién podía se llevaba a casa piezas valiosas o dinero.

Las terribles consecuencias

Hay quien explica estos hechos como una conspiración comunista. Hay quien los entiende como una reacción natural y legítima de las gentes más humildes a siglos de abusos del poder eclesiástico mientras el pueblo se moría de hambre. Las riquezas que atesoraba la iglesia en sus edificios daban argumentos a los defensores de esa postura, pero en cualquier caso los ataques fueron tan bárbaros y desproporcionados como inservibles para cualquier fin social.

Lo cierto es que las pérdidas para la ciudad fueron catastróficas. Entre las obras de arte perdidas se encuentra el Cristo de Pedro de Mena, una auténtica maravilla escultórica, además de otras muchas obras de este autor. También obras de Fernando Ortiz, Niño de Guevara, Alonso Cano, Murillo, entre otros, así como valiosos retablos o archivos.

Algunas iglesias como la de la Merced o conventos como el del Ángel quedaron en ruinas y terminaron siendo demolidos. La gran mayoría de las tallas de la Semana Santa actual son reproducciones de las antiguas. La ciudad de Málaga perdió gran parte de su rico patrimonio en una sola noche. Lo único positivo es que las personas no fueron atacadas. No hubo muertos.

Estos hechos resultaron fatales para una República naciente que los condenó con firmeza pero falló estrepitosamente a la hora de poner medios para evitarlos. Lo peor de todo es que proporcionaron argumentos para la sublevación que pocos años después dio lugar a nuestra Guerra Civil. La República fue una gran oportunidad perdida que fue destruida por los extremistas de uno y otro lado que pretendían una organización social a su medida.

En la Revista Jábega, nº 7 ; 1974, Diego Esquinas de Ávila publica el artículo reproducido en el siguiente pdf

Quema de iglesias en Málaga

De nuestro viaje este mes de agosto a Lugo. Desde Fonsagrada  se accede a la ruta de las seimeiras (cascadas) de Queixoiro. Es un camino precioso entre verde y freca vegetación. Se llega a la primera cascada en la que está tomada esta fotografía. La hizo Marisa (mi mujer) con la Lumix LX3 en formato JPG, por lo que ha admitido poca manipulación en Photoshop, sólo tocar un poco las curvas y contrastar ligeramente. El resultado me parece muy atractivo y a ella también le ha gustado mucho.

Cuando se utiliza la ciudad para pasear sin importar lo que nos rodea. Así pasaba este hombre por una de las calles más concurridas de Madrid, repleta de escaparates, luces y gente que va y viene cargada de bolsas en las que se pueden leer los nombres de las tiendas y las marcas de moda. Tras su rato de descanso, casi sin levantar la vista, emprendió su camino de ida o de vuelta a quien sabe que lugar.

Escena curiosa mientras callejeaba por Arenal, en Madrid.

KDD en Trujuillo

Publicado: 03/11/2010 en KDDs
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El sábado 23 de octubre de 2010 varios “caborianos” (pertenecientes a Caborian, uno de los mejores foros de Fotografía) repondimos a la propuesta de Xaicam (Antonio Macías) para quedar en Trujillo con la intención primera de visitar la exposción que allí se celebraba de otro compañero del Foro: Buenagana (Luis Fano).  La acogida de la idea fue muy buena porque en pocos días nos habíamos apuntado bastante gente. Se organizó una comida para el sábado en Trujillo, una cena el mismo día en Cáceres y una

comida el domingo en un famoso restaurante, “Algo Así”, en Cañamero, cerca de Guadalupe. La comida en Trujillo fue masiva porque asistimos todos, algunos menos en la cena y menos aún en la comida del domingo.

Yo me desplacé con Goldenblatt y Sophi en el coche del primero. Llegamos a Trujillo sobre las 12 del mediodía y una vez reunidos todos  y hachas las pertinenetes presentaciones y saludos nos acercamos a ver la exposición. Por cierto, muy buena y en un sitio precioso, un antiguo palacio rehabilitado para este tipo de actos. Los retratos de Luis, impresos por Tejequeteje (Isabel) nos impactaron por su calidad y buena vista fotográfica.

Aquí el hilo de la KDD

Desde ahí nos fuimos a comer atravesando la Plaza Mayor, momento en el que tuvo lugar el encuentro con las monjas y la actuación de Luis para conseguir fotografiarlas. Tras la comida y la sobremesa nos dimos un paseo por Trujillo hasta el desplazamiento a Cáceres, aprovechando para dar una vueltecita por el casco antiguo antes de la cena.

Lo mejor de estos eventos es coincidir con gente que ya conoces de otros similares y conocer gente nueva con la misma afición por la Fotografía.      Se intercambian conocimientos, se aprenden muchas cosas y, sobre todo, te diviertes haciendo lo que te gusta con gente muy interesante. Es una      pena que me haya pillado ya mayor, porque esto, con bastantes años menos es una experiencia incomparable y muy recomendable.

Goldenblatt y yo fuimos a dormir a la casa de Xaicam, en Garrovillas, un pueblo distante de Cáceres unos 25 Km. Nos ofreció muy amablemente su   casa, nos presentó a sus padres y hermana y por la mañana nos ofrecieron un buen desayuno. Su padre nos dió un breve paseo por el pueblo que, la   verdad, es precioso, con una Plaza Mayor porticada que merece una visita más detenida y fotos en abundancia. Golden se quedaba a la comida, al igual que Xaicam, pero previamente nos desplazamos hasta Cáceres ya que ahí me recogían Lourdes y Txema para regresar con ellos a Madrid. Salimos de Cáceres sobre las 11 de la mañana y llegamos a casa hacia las 15 h. Se quedaron a comer y pasamos un buen rato excepto Marisa que estaba compungida porque ese mismo día Pablo había salido a su aventura alicantina (ver post dedicado a este asunto).

Tras esta breve descripción del día, adjunto algunas fotos, aunque en el enlace anterior pueden verse todas las colgadas hasta el momento.

Foto de grupo

Otra foto de grupo

Cena en Cáceres: CMC, Chiara, Leoman, Sophi y yo

Antonio y Antonio (Xaicam)

Luis Fano (Buenagana) y yo hablando sobre una de sus fotografías expuestas

Los bares, que lugares
tan gratos para conversar.
No hay como el calor
del amor en un bar.

Gabinete Caligari

 

La gente se detiene a mirar alguno de los múltiples espectáculos callejeros que se organizaron en la celebración de centenario de la Gran Vía madrileña.

AQUÍ un especial con fotografías en B y N publicado por el diario El Mundo.es con motivo de esta efeméride

 

Tomada el día de la celebración de los 100 años de la Gran Vía