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Dentro de pocas fechas se cumplirán 45 años de la celebración en Viena del XII Festival de la Canción de Eurovisión. Fue retransmitido el 8 de abril de 1967, en blanco y negro, desde el Palacio Hofburg de Viena (Austria), resultando ganadora la canción representante del Reino Unido, Puppet on a String interpretada por Sandie Shaw. Obtuvo 47 votos.

Por parte española la representación corrió a cargo de Raphael con la canción Hablemos del amor que, con nueve puntos, quedó en 6ª posición.

La canción ganadora tuvo posteriormente múltiples versiones, entre ellas la española, titulada Marionetas en la cuerda.

No lo recuerdo pero, dado que yo todavía vivía en Pozuelo, posiblemente vería el festival en nuestra vieja Marconi en blanco y negro junto con algunos vecinos chicos y grandes que acudían a mi casa a ver TV porque ellos todavía no la tenían.

El video que inserto tiene el aliciente de ser la retransmisión directa que hizo la cadena austriaca orf

 

En 4º lugar, con 17 puntos, se clasificó Luxemburgo, representada por una jovencísima (18 años) Vicky Leandros con la canción L’amour es bleu, no tan alegre y pegadiza como la ganadora pero, para mi, mucho más bonita:

 

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Sealed with a Kiss, Sellado con un beso, compuesta en 1960 por Peter Udell y Gary Geld fue grabada por primera vez ese mismo año por un grupo llamado The Four Voices en un single que pasó sin mucho reconocimiento.

En 1962 Briand Hyland volvió a grabarla y ya sí consiguió llevarla al nº 3  del la Billboard Hot 100 y a la UK Singles Chart.

La recuerdo como otra de esas canciones lentas de obligada escucha en los guateques con el fin de arrimarte lo más posible a tu pareja. No sé si escuchábamos esta versión de Hylan u otra, en aquellos momentos no tenía eso demasiada importancia.

En el post titulado El guateque hablo de algunas de las canciones que preferiblemente se ponían en el tocadiscos cuando llegaba la hora de los juegos e intercambios de besos y caricias. Gran parte de esos temas correspondían al, por entonces, mayor poseedor de canciones lentas para bailar “agarrados”, me refiero a Salvatore Adamo cuyo repertorio contenía “joyitas del agarrao” tales como Un mechón de tu cabello, Mis manos en tu cintura, La noche, Era una linda flor, Tu nombre, Ella anda, En bandolera… Verdaderamente la vena romántica de cada cual se excitaba al oirlas. Estamos hablando de los últimos años 60 o primeros 70, posiblemente hoy en día sólo provoquen este sentimiento a los que vivimos estos años  de aquella manera.

Todas eran versiones en español algunas de las cuales no he podido encontrar en video de la época y viéndolas en actuaciones de Adamo en años recientes ya no me producen la misma emoción, por eso he preferido quedarme con el más sugerente blanco y negro.

 

 

 

El llamar a estos post “Canciones viejunas” no tiene intención de subestimarlas o menospreciarlas, al contario, son canciones que personalmente me gustan mucho, de esas que me ponen “los pelos de punta”, que me emocionan. Llamarlas así es simplemente la constatación, un punto irónica, de que ya llevan unos cuantos años haciéndome compañía en determinados momentos.

Todas ellas me traen buenos recuerdos y a ellas acudo de vez en cuando o mejor, ellas acuden a mi cuando les apetece, sin aparente motivo.

Merece este calificativo la canción que hoy traigo: Un ramito de violetas, de la malograda Cecilia.

Cecilia nos dejaba sus éxitos allá por los años 70 de pasado siglo (otro motivo para llamarlas viejunas), concretamente esta canción aparece en 1975 en su tercer álbum. Rápidamente se convierte en un éxito, probablemente el mayor que tuvo a pesar de componer muy buenas y reconocidas canciones. Ha sido ampliamente versionada y también con notable éxito.

Su autora nació en Madrid, en 1948 y falleció en un desgraciado accidente de tráfico en 1976 cuando regresaba de madrugada a esta ciudad después de ofrecer un concierto en Vigo. Vaya desde aquí mi recuerdo y admiración por alguna de sus canciones, y esta en especial.

El gran problema de la preciosa e intimista letra es el abuso del laismo que rechina en los oidos de los que amamos la Lengua:

Quien la escribía versos dime quien era
quien la mandaba flores por primavera
quien cada nueve de noviembre
como siempre sin tarjeta
la mandaba un ramito de violetas

Cecilia hacía también sus pinitos con el dibujo, con un estilo aniñado, no sé si naif, pero muy agradable a la vista por su colorido y gran cantidad de detalles cotidianos. Muchas de sus canciones se acompañaban de un dibujo, así sucede con Un ramito de violetas, helo aquí:

En la magnífica web de Rafael Castillejo (Enlazada desde este Blog) encuentro este montaje hecho por él mismo recordando la muerte de Cecilia. Recomiendo esta magnífica web a todos aquellos nostálgicos de, o que quieran conocer, los años 40, 50 , 60 en España. Muchas gracias Sr. Castillejo.

En 1971 aparece la primera canción de este grupo creado con la idea de llevar al Pop versiones de temas de conocidad Zarzuelas. Se trata de El soldadtito, que pertenece a la Zarzuela Luisa Fernanda. El grupo fue idea de un productor, Rafael Pérz Botija, e incorpora a gente que había pertenecido a importantes grupos de Pop y Folk español como Los Sonor, Aguaviva y Los Pasos. Eran un total de 8 miembros, 4 chicos y 4 chicas, una de ellas, Ana María Fernández, fallecería tempranamente (1972) en accidente de tráfico.

El tema El soldadito se convirtió en todo un éxito. Lo recuerdo como muy escuchado y pegadizo en aquellos tiempo en los que yo contaba con 17 años y estaba empezando a oir música en la radio o en el tocadiscos de mis amigos cuando íbamos a los guateques. En éste vídeo me llama mucho la atención, por reconocido y recordado, el estilo en el vestir, sobre todo de ellas ya que ellos van con disfraz, las faldas de colegiala ligeramente cortas y, también muy típica, la que baja más allá de las rodillas, algo más recatada (Mª Eugenia, se me viene a la cabeza, rubia, rosada, con su media melena y una falda así para no enseñar las piernas porque, decía, las tenía muy gordas), pero lo que es inconfundible de aquellos años es el movimiento, el baile con el que siguen el ritmo de la música, sobre todo no puedo dejar de mirar a la chica a la derecha de la de la falda larga. Es tal y como lo recuerdo en mis amigas o en la gente que veía en aquellos años.

Viendo cosas de La Compañía acabo de descubrir que también es de llos una canción que al volver a oirla me ha puesto los pelos de punta: Gitano, de 1973. No sé muy bien si ha sido al recordar que en su momento también me los ponía o que realmente me los sigue poniendo. Posiblemente sea esto último aunque no sé muy bien el motivo, las voces de ellas, la cadencia, el ritmo, la frase “los recuerdos del amor aquel que nunca volverá” o una mezcla de todo ello. El amor aquel que pudo haber, el que nunca se concretó o la falta crónica de amor. La portada del disco la he sacado del magnífico Blog que ya he enlazado con música española de los 60 y 70

En éste caso son 6 los miembros y no 8 como en el video. Ana María ya había fallecido pero también falta un componente masculino. No soy capaz de identificar a cada uno de los de la foto con los del video, intentaré buscar más inofrmación sobre el grupo y sus componentes.

Es una pena el corte an horrible por la barbilla de la chica de abajo, pero el resto de los componentes son el paradigma del vestir de la época. Me encanta, me fascina esta foto por lo que evoca, me traslada a esos años. Y esta es la canción, Gitano.

Gitano, La Compañía 1973

24 de mayo de 2013. Al hacer una búsqueda en You Tube veo que han subido , hace un año, el vídeo de esta canción:

Nueva foto encontrada en el Blog “Mis discos viejos” correspondiente a un disco con todas sus grabaciones:

Esta canción viejuna va unida a unos recuerdos infantiles ya muy lejanos, por eso aprovecho para insertar junto a ella este texto que auna ambas cosas: recuerdos y canción.

El muelle de la estación ya era un lugar viejo y destartalado cuando, en mi niñez, lo frecuentaba. Se trataba de un espacio anexo a los andenes de viajeros que probablemente se utilizó para carga y descarga de camiones porque era amplio y con un edificio de piedra en el que se alineaban varias puertas  corredizas de madera elevadas del suelo al menos un metro y medio, de forma que un camión reculando se pudiera pegar a ellas y realizar la carga o descarga  más cómodamente.

El muelle estaba rodeado por una tapia también de piedra que dejaba tres aberturas en su perímetro que permitían la entrada y salida del espacio delimitado. Una de las entradas daba a una plaza cuyo nombre he olvidado, si es que alguna vez lo supe, (Plaza del Gobernador, sugún he averiguado después de escribir esto), otra daba a las vías del tren, que se podían atravesar tranquilamente por unos pasos que habían habilitado con las típicas traviesas de madera ferroviarias. La tercera estaba junto a la estación.  Esa tapia nos servía a los chavales  para subirnos y recorrerla en toda su longitud lo más deprisa posible, con las consiguientes caídas y correspondientes heridas en las piernas, casi siempre al aire, pues usábamos pantalón corto durante  la mayor parte del año.

En la entrada que daba a la plaza se encontraba un pequeño quiosco de obra en el que comprábamos los chicles y caramelos, los cigarros sueltos – Celtas cortos generalmente – y cambiábamos los tebeos, costumbre muy arraigada entre lo s niños de la época aunque generalmente los soliamos cambiar entre nosotros porque cambiarlos en el quiosco nos suponía un coste de varios céntimos por cada tebeo cambiado. También se cambiaban novelas del oeste, pero esto lo solía hacer mi padre.

Era el muelle una buena zona para jugar y montar en bicicleta sin peligro de coches. Ahí me enseñó mi madre a mantenerme sobre la mía una vez que le quitamos los ruedines traseros. Y este era también el lugar en el que se celebraba el baile durante las fiestas del Carmen, a mediados del mes de julio, que eran las fiestas de Pozuelo Estación, considerado un barrio, mi barrio (las de la Patrona, la Virgen de la Consolación, son en septiembre pero esas ya eran en lo que llamábamos Pozuelo de arriba). Montaban un escenario de tablones sobre el que se subía la orquesta o los músicos. Durante estos bailes los chavales permanecíamos pegados al muro observando a la gente bailar. Los más decididos se acercaban a las niñas y las sacaban. Yo eso lo recuerdo con cierta angustia porque nunca me atrevía y siempre pensaba que “a la siguiente canción la saco”… pero  a la siguiente volvía a pensar lo mismo. Recuerdo una canción muy celebrada en la que todo el mundo salía bailar, era “Dilaila” (así sonaba en mi cabeza) o, dicho correctamente, Delilah, de Tom Jones. Creo que yo nunca la bailé. Veo en la Wikipedia que esta canción es del año 1968 y ese es el año en que nos fuimos de Pozuelo, concretamente en marzo. Si las fiestas eran en julio quiere decir que ya no estaba allí cuando esa canción se pudo interpretar, por lo que el recuerdo puede estar equivocado o puede que aquel año regresara a Pozuelo para las fiestas. También es posible que fuera otra la canción y yo la confunda con esta. En cualquier caso aquí la dejo porque seguro que algo tiene que ver con mis recuerdos.

Vagamente recuerdo esas fiestas en el muelle, las luces, los puestos de churros, chucherías, las atracciones en la parte de la plaza, la ola, los caballitos, la tómbola, el tiro con perdigones, … y los fuegos artificiales, colocados también en el muelle de la estación.

De la web del Ayuntamiento saco la siguiente descripción que  me demuestra que mi memoria no iba muy desencaminada:

“El recinto ferial comprendía el espacio delantero del edificio de la Estación y de los muelles de la misma (parte ocupada actualmente por el centro comercial), delimitado por un muro, y la contigua Plaza del Gobernador. Frente a los muelles se instalaba una tómbola y a su lado una orquesta.

Al atardecer empezaba el baile para los jóvenes y menos jóvenes. Los pequeños, además, disfrutaban con la cucaña, instalada aproximadamente donde hoy se encuentra la fuente de la plaza próxima.”

Mari Trini se da a conocer en España (había pasado unos años trabajando en Londres y París) sobre todo con su segundo álbum, Amores, aparecido en 1970 y al cual pertenece Un hombre marchó, tema ya clasico entre las composiciones de la artista. Su carrera se extendió hasta los primeros años del presente siglo y ha dejado un puñado de canciones que se recuerdan, algunas con nostalgia, recogidas en sus más de 20 álbumes.

Aqui aparece en un programa de TVE en 1970, es decir, contando tan sólo 23 añitos.

Curiosa la escenografía, se puede intuir que el presupuesto para los programas no era muy elevado que digamos.

Murió en su tierra natal, Murcia, en abril de 2009, a los 61 años.

1967, nace el grupo Los Puntos en Cuevas de Almanzora (Almería), liderado por su vocalista y compositor José G. Grano de Oro. Tienen un puñado de inolvidables canciones que se recuerdan en ese blanco y negro grisaceo de la TV de entonces. Inolvidable para mi,porque me llena de recuerdos, este Llorando por Granada… uffff

De vez en cuando te encuentras con canciones que ya tenías olvidadas, bien porque aparecen en algún programa de radio o porque alguien ta las recuerda o por algún otro suceso la hace revivir y salir al flote desde lo más hondo de la memoria. Eso me ha pasado hoy con estos dos temas que rescato porque en algún momento de mi vida me emocionaron:

El grupo Santabárbara lo formaron tres músicos de Barcelona que normalmente acompañaban a Georgie Dann allá por los primeros 70. Mario Balaguer, Alberto López y Enrique Millán (voz y bajo). Pasaron bastante inadvertidos hasta que en 1973 aparece Charly, una canción que aunque no lo parezca está dedicada a una paloma callejera encontrada en la calle y a la que le salvan la vida y que llegó a se “Canción del verano”.

Lone Star fue un grupo creado por el barcelonés Pedro Gené a principio de los 60. Hacen versiones con las que obtienen grandes éxitos, siendo una de las más celebradas y vendidas la que hicieron de House of the rising sun de The Animals. En 1968 nace su tema más legendario, Mi calle