Posts etiquetados ‘“Calle Cadarso”’

Esta  PRESENTACIÓN la hice al ver la cantidad de fotografías que se iban recibiendo los días previos a la cita (14/3/09) de ex alumnos del Colegio. Pude reunir bastantes fotos de grupo con los cursos de los años 60 y me pareció una buena forma de presentarlos reunidos y acompañados de un texto que evocara los días de recreo en el Cuartel de la Montaña, que ocupaba todo lo que ahora es el templo y los jardines de Debod, próximo a la Plaza de España de Madrid. Esa era nuestra zona de esparcimiento a la que acudíamos a diario en filas no demasiado “prietas” aunque sí disciplinadas y formadas al toque de silbato y voz “de mando”. Una vez llegados al lugar cada uno salía corriendo a jugar dónde mejor le pareciera: fútbol, baloncesto, balonmano o simplemente a corretear por ahí, a revolcarte, o a esconderte detrás de los servicios para echar un cigarrito, Celtas, casi siempre, con los más mayores de los congregados.

Los recuerdos del Cuartel de la Montaña son muchos y variados pero mantengo nitidamente en la mente (al menos eso creo) el uniforme de los Guardas Jurados con aquél sombrero de ala ancha y su mala leche permanente contra nosotros porque éramos muchos y no todos buenos. En una ocasión acabé, muerto de miedo, en el despacho de D. Ángel después de que uno de estos Guardas me buscara entre las filas que salíamos de regreso al Colegio porque creyó que le había lanzado una piedra intencionadamente. Mis recuerdos me dicen que lancé una piedra, sí, pero no a él, sino a un balón que había quedado enganchado entre las plantas de un terraplén que terminaba en el camino por el que, en mala hora, pasaba él. Al parecer la piedra le pasó rozando y me vio tan claramente que no sé cómo pero me localizó y, ya digo, terminé con D. Ángel. Menos mal que “el dire” creyó lo que le contaba y todo se resolvió sin llegar a mayores, tan sólo una palmadita cariñosa y comprensiva. Aunque, ahora que lo pienso, no sé si terminó en denuncia de la que tuvo que responder el director como máximo responsable de todos nosotros porque, ahora me viene la vaga idea de que le di. Incluso puede ser que me localizaran por una amenaza de castigo a todos si no aparecía el culpable de tal “fechoría”. Han pasado ya muchos años y mi memoria no es del todo fiable, pero aquí queda la anécdota por si dentro de unos años es todavía peor.

Sobre el resto de profes también podría contar algo que haya permanecido en mi memoria más o menos vagamente. Supongo que todos recordamos con horror los tirones de pelo en las patillas de D. Julio, el de Lengua y su empeño en hacernos aprender de memoria las poesías de los clásicos. O los lanzamientos de tiza o cepillo de borrar, con gran puntería, de D. Pablo, el de Dibujo, cuando oía a alguien hablar, localizándonos por la voz, ya que solíamos ocupar siempre el mismo pupitre, de forma que lanzaba a la media vuelta dejándonos sin tiempo para esquivar el tiro. Y quién no recuerda las costumbres de D. Agustín, que ahora posiblemente serían objeto de denuncias y problemas legales, de hacernos comer papel o tizas como algo que muchos hemos interpretado como gracioso después de los años pero los hay que lo llevan grabado como los peores momentos que pasaron en el Colegio. Para muchos D. Agustín ha pasado por ser uno de esos profesores que supo transmitir el gusto por la asignatura, Ciencias Naturales y Biología, a muchos de nosotros que finalmente nos decantamos por una carrera “de Ciencias”. Pero parece que para otros fue una pesadilla y aún lo recuerdan como tal.

D. Eusebio, de Física y Química y sus concursos para ver quien “recitaba” en menos tiempo las tablas de las valencia de Metales y Metaloides. D. Eugenio, “El Fepro”, por entonces de Educación Física aunque posteriomente lo fue de Historia, con las “palizas” que nos daba con las tablas de gimnasia poniendo “positivos” y “negativos” a diestro y siniestro mientras continuaba amarilleando sus dedos con los Bisontes que se fumaba. Y D. Rafael, subdirector y profe de Geografía e Historia, con sus míticos despistes o su costumbre de fumar durante la clase dejando caer la ceniza sobre su camisa y su chaqueta.

Y “La Gertru” de Matemáticas, D. Guillemo de Latín, La Sta. Rosa, “La teacher” de Inglés y el Padre Aureo de Religión, en fin unos bonitos recuerdos para una época muy añorada de la que saqué, además de buenos y malos recuerdos, una forma de ser y de ver las cosas que, estoy convencido, han sido determinantes en mi formación. Soy como soy, bueno, malo o regular, no soy quien debe juzgarlo, porque así empecé a ser en aquellos años en que estudíé en “El Covadonga”.

No están todos los que fueron, algunos antes y otros después pero este fue el nucleo más importante. Valga esta presentación como homenaje y gratitud a todos ellos, profesores y alumnos.

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3ºA, Curso 1967-1968. Esta foto amarillenta lleva conmigo muchos años. Ahora está colgada en Flickr junto con otras muchas aportadas por ex-alumnos del colegio Covadonga (Ntra. Sra. de Covadonga, Filial nº 4 del Instituto Ramiro de Maeztu) que nos reunimos, después de 40 años, el 14 de marzo de 2009. En esta cuenta de Flickr se pueden ver muchas fotos del evento además de auténticas reliquias del pasado. Pero la historia de mi relación con el colegio, también llamado Cadarso por el nombre de la calle en que se encontraba, será objeto de otra entrada en el blog porque hay mucho que contar.

En la foto estamos todos los componentes de aquel curso excepto uno: José Antonio Alonso, al que curiosamente tengo localizado en la actualidad porque vive no lejos de mi aunque todavía no hemos hablado personalmente pero sí mediante correo-e  cuando se gestaba la reunión del 2009.

El evento fue posible gracias al empeño de Jesús Carralero Yepes, que sirviéndose de sus posibilidades de acceso a la Base de Datos del DNI en su condición de Inspector de Policía, fue localizando a muchos colegiales que, a su vez, aportaron noticias sobre otros, así se llegó a contactar con un montón de personas de las que más de 70 asistimos a la reunión. Para mi esa página supone una inmersión en la nostalgia de tiempos pasados, posiblemente peores pero, en cualquier caso, agradables de recordar porque fueron el origen de lo que soy y de cómo soy (bueno, malo o regular, no lo sé).

Y estos fueron mis profesores, a los que tengo mucho que agradecer. A algunos los volví a ver en la reunión, de otros he sabido por los que vi, de los menos no he vuelto a tener noticia.