Hoy he recibido mi primera Parker 51, la mítica estilográfica intoducida por Parker en 1939 para conmemorar los 51 años desde la fundación de la Compañía, aunque su lanzamiento mundial se produjo en enero de 1941. Su diseño fue revolucionario por varias características: ocultación del plumín, que era de oro de 14 k, sobresaliendo unicamente la punta; sustición del cierre a rosca del capuchón por un novedoso cierre a presión y una estilización del cuerpo hasta una forma de bala; materiales acrílicos y lisos combinados con un capuchón totalmente metálico en cuyo clip introduce la forma de flecha que será marca distintiva de la casa.

El primer sistem de carga fue el llamado Vacuométrico pero sustituido más tarde por el Aerométrico, más sencillo y eficaz.

Mi ejemplar es negro y de carga Aerométrica, fabricándose con estas características entre 1948  y 1972. El capuchón es dorado, rematado por un “jewel” gris. La base del capuchón está grabada con

PARKER  MADE IN USA  1/10  12K  GOLD FILLED

Las piezas que forman su famoso diseño se pueden ver en la siguiente imagen:

Escribir con ella es absolutamente una delicia por la fluidez y suavidad. Sostenerla entre los dedos es una sensación muy agradable. Para probarla la he cargado con tinta azul de Cross pero después de esta primera carga la lavaré cuidadosamente y buscaré otro color  que me gusta dentro de la gama Parker.Ya le he podido hacer algunas fotos:

Acabo de ganarla. Se trata del mismo vendedor que la Sheaffer Balance por lo que cabe suponer que está en perfectas condiciones de uso. Lleva un plumín caligráfico, supongo que no será de escritura corriente ino más bien para caligrafía, pero no me importa porque se trata de un ejemplar antiguo de pluma inglesa de una de las dos grandes marcas británicas. Cuando me llegue añadiré fotos tomadas por mi, de momento van las del vendedor:

 

Fotos mías:

 

 

 

 

Variación de los Logotipos de la marca a lo largo de los años (del Blog Sólo Plumas):

 

De repente he descubierto el mundo de las plumas estilográficas. Tengo cinco desde hace bastante tiempo y siempre procuro que estén activas para no dejar que se seque la tinta. Utilizo tres tinteros con azul, rojo y negro, Pero hace pocos días he encontrado un foro en el que unos cuantos forofos exponen sus plumas y hablan sobre todo lo que las rodea: papeles, tintas, plumines, modelos, marcas, antigüedad, mantenimiento, reparación, etc. y me ha entrado curiosidad porque lo desconocía por completo. Es algo que engancha, supongo que como muchas otras cosas sobre las que te empiezas a interesar y a meterte de una manera algo más que superficial.

En primer lugar me ha servido para conocer mis propias pluma, porque a pesar del tiempo que llevan conmigo no sabía decir ni los modelos que son. Ahora ya lo sé, y qué tipo de plumín llevan y cómo tengo que conservarlas y mantenerlas.

La curiosidad me ha llevado a descubrir en eBay todo un mundo de vendedores y compradores de infinidad de marcas, modelos y precios. Tanto es así que he adquirido en un vendedor español una Sheaffer antigua, del año 1929. Esta marca siempre me ha gustado por su forma redondeada y su punto blanco característico, pero ni sabía que era americana ni toda la historia que lleva detrás:

Hace unos días que me llegó. Le he comprado una preciosa tinta, Caran d’Ache de color Caribbean Sea, la que aparece en la foto, y es un placer tenerla en la mano y escribir con una suavidad increible. Pongo las fotos que he subido al Foro de Estilográficas:

Después de un tiempo de indecisión y con la venta de mi querido Nikkor 80-200 1:2.8 a mi amigo Abel, he terminado por comprar hoy mismo una Mamiya RB67. Tras mucho mirar una cámara SLR de medio formato me he decidido por esta que estaba en venta en España aunque a punto he estado de hacerme con alguna ubicada en Japón que salía, en principio, mejor de precio pero después de hacer cálculos incluyendo lo que cobrarían en la Aduana resulta que por muy poco más podía comprar esta con la ventaja de la cercanía y el contacto más fácil con su propietario.

La idea primera era una Hasselblad, pero ello requería más tiempo de espera para poder hacerme con el dinero suficiente. Después miré también las Zenza Bronica, que no acabaron de convencerme. Entre las Mamiya dudaba entre RB67 y RZ67 por ser ésta última más moderna, y también más cara. Finalmente opté por la RB67  además de por precio, por ser totalmente mecánica en contra de la ya muy electrónica RZ67, así se complementa con las ya adquiridas anteriormente, sobre todo con las que quiero sean mis cámaras de uso analógico por excelencia: Leica III y Rolleiflex 3,5.

Como siempre, la he adquirido en eBay a un vendedor de las Islas Baleares. Dejo aquí el anuncio correspondiente:

Cuando la tenga en mis manos le haré la correspondiente sesión fotográfica que incluiré en esta entrada. De momento he puesto una página con el manual de usuario y algún otro enlace interesante junto con un video sobre su manejo.

Me llegó hace unos días y ya tengo las correspondientes fotos. Ahí van:

La Regla Sunny 16 y las cámaras analógicas

 Antes de la aparición de los fotómetros manuales y de los integrados en las modernas cámaras, la medición de la luz en fotografía era una cuestión de cálculo basado en el ensayo y error hasta llegar a unas conclusiones que se pudieran aplicar en condiciones similares. Muy conocida es la regla del Sunny 16 que consiste básicamente en aplicar el siguiente enunciado a nuestra toma sin fotómetro:

“En un día soleado utilizar una velocidad de obturación inversa a la sensibilidad ISO de la película que estamos utilizando y fijar el diafragma en f/16”

Es decir, para película de 100 ISO, fijaremos la velocidad en 1/125 sg (si la cámara no dispone de 1/100) y el diafragma a f/16. Como la luz va disminuyendo en el transcurso del día podremos mantener la misma velocidad si vamos abriendo el diafragma.

Los fabricantes de película fotográfica incluían en las cajas o en un prospecto adjunto una tabla de equivalencias recomendadas para su producto. Algo similar a esto:

                           Para ISO 100 – Velocidad 1/125

Situación de iluminación

Diafragma

Stop

Nieve o playa

f/22

+1

Soleado

f/16

0

Parcialmente nuboso

f/11

-1

Nuboso

f/8

-2

Cielo totalmente cubierto

f/5.6

-3

Sombras

f/4

-4

Los diafragmas estándar son:

f/1.4 – 2 – 2.8 – 4 – 5.6 – 8 – 11 – 16 – 22 – 32 – 45 – 64

La escala estándar de velocidades de obturación desde 1 segundo hacia arriba (es decir, más rápido o lo que es lo mismo, fracciones de sg)

1  1/2  1/4  1/8  1/15 1/30 1/60 1/125 1/250 1/500 1/1000 1/2000 1/4000 1/8000

Con estos valores es posible jugar o hacer combinaciones que nos den un resultado deseado porque si hacemos caso estricto y queremos realizar un retrato a la luz del sol del mediodía usando f/16 y 1/125 de sg obtendremos una gran profundidad de campo que puede no ser idónea para tal toma. Conociendo los valores estándar de los diafragmas podemos abrir un número de pasos al mismo tiempo que aumentamos la velocidad en idéntico  número de pasos.

Luego para el retrato arriba citado podemos abrir a f/4, es decir, 4 pasos, al mismo tiempo que aumentamos la velocidad de obturación en 4 pasos llevándola a 1/2000. Como la profundidad de campo disminuye cuanto más abierto sea el diafragma, por lo que el retrato en cuestión mejorará ostensiblemente.

Otro supuesto práctico para juguetear y familiarizarnos con esta regla. Si tenemos un teleobjetivo poco luminoso que abre como máximo a f/5.6 y queremos tomar una fotografía al atardecer en una zona de sombra, según el cuadro anterior no podríamos porque necesitamos un diafragma de f/4 y el tele no lo permite ¿hemos de renunciar a la toma? Por supuesto que no. Hemos visto antes que podemos combinar velocidad y diafragma abriendo o cerrando un mismo número de pasos, luego si colocamos f/5.6 estamos cerrando diafragma un paso que compensaremos con una velocidad un paso “más lenta”, es decir 1/60 sg. Lo malo es que si hablamos de cámaras analógicas no podemos cambiar la sensibilidad de nuestra película (salvo forzando ISO y revelar después en consecuencia) y para disparar a pulso un teleobjetivo a 1/60 hay que tenerlo muy firme. En digital no hay problema, se aumenta el ISO, reajustamos parámetros y a correr.

Y uno más en un día de nubes. Supongamos una excursión a un bonito paraje en el que una preciosa cascada nos deleita con su sonido de agua cayendo con furia. Queremos inmortalizar el momento congelando toda esa agua que cae en un fotograma pero el día nuboso puede jugar una mala pasada a nuestra cámara analógica y sin fotómetro. Menos mal que llevamos puesto un carrete de Tri X 400, que ya es algo. ¿Cómo proceder correctamente? Según la regla Sunny 16, a ISO 400 la velocidad de obturación sería 1/500 sg (la más próxima a la sensibilidad de la película) y el día nublado nos pide un diafragma de f/8 (2 pasos más abierto que en día soleado). Si queremos “congelar” el movimiento del agua deberemos utilizar al menos una velocidad de 1/1000, lo que equivale a aumentarla en 1 stop, pasar de 1/500 a 1/1000 y, recíprocamente, cerrar diafragma 1 stop, a f/5.6. Si en lugar de ISO 400 llevamos ISO 200 la secuencia sería aumentar velocidad 2 stop: de 1/250 a 1/1000 y cerrar diafragma de f/8 a f/4.

También las antiguas cámaras podían ser portadoras de instrucciones similares a las películas fotográficas, orientadas a facilitar su uso por los aficionados ayudando a la obtención de los mejores resultados.

En la parte posterior de mi Rolleiflex 3,5 A, de los primeros años 50, el cuadro de ayuda a la exposición es el que muestro junto a su traducción más o menos acertada:

Exposición al sol entre las 9 y las 15 h, de mayo a agosto

 

Playa y montaña

Escenas brillantes de deportes en paisajes y espacios abiertos

Paisaje con primer plano al aire libre en escenas de calle

Gente en la sombra

Gente debajo de árboles

Gente en habitaciones luminosas

 

Marzo, abril, septiembre, octubre o sin sol: 2X

 

Conocer el valor de la luz en las distintas horas del día y en las diferentes situaciones climatológicas o atmosféricas es de especial interés en fotografía como hemos visto. Tanto es así que algunas cámaras sin fotómetro llevan una escala sobre la que se ajusta el valor que consideremos adecuado para un determinado momento y en función del mismo la propia cámara ofrece los pares de diafragma/velocidad adecuados. Es el caso de mi Kodak Retina 1b (Type018), la cual, junto a las escalas de diafragma y velocidades típicas, presenta una Light Value Scale  que va de 3 a 18 y que se debe elegir según la siguiente tabla que nos facilita el manual de instrucciones:


Uno, que ya ha cumplido unos años y de casi todo han transcurrido 20, recuerda el día de Reyes como un día de ilusión y como prácticamente el único del año en que había regalos, o mejor, en el que había juguetes, que es la expresión que utilizábamos los niños de entonces. Los nervios te acompañaban desde días antes porque el ritual era largo. Comenzaba con la decisión íntima de lo que querías pedir, siempre sin pasarte porque intuías, no lo sabías a ciencia cierta, que todo no iba a poder ser, así que había que elegir, y eso era un inconveniente con solución complicada porque resultaba difícil renunciar a algunas cosas. Después le llegaba la hora a la redacción de la carta bien en algún modelo ya preparado procedente de comercios o bien de forma autónoma o estilo libre que para mí era lo más habitual y, además, te permitía alojar algún dibujo relacionado con la efeméride o con los juguetes citados en el texto. Había que esmerarse en su redacción porque si los Reyes, me decían mis padres, veían una carta sucia, emborronada y con faltas de ortografía la tirarían inmediatamente a la papelera sin hacerle ningún caso trayéndote solamente y en consecuencia el tan temido “Carbón”.
Hecha la elección y redactada la carta el siguiente paso consistía en su entrega en mano a los Reyes o sus Pajes que durante días desafiaban al frío en algunos lugares de Madrid, tradicionalmente en El Corte Inglés, los Reyes y en Galería Preciados sus Pajes. Supongo que a la mayoría de los niños nos gustaba más hacer la entrega directamente en mano de alguno de los tres Reyes Magos dada las enormes colas que había para acceder un momento a sus piernas, escuchar las preguntas mágicas: ¿has sido bueno? ¿has estudiado mucho? ¿te has portado bien con tus padres? mientras el fotógrafo te inmortalizaba en una foto que, si tus padres adquirían, llegaría a casa en unos días después, pero, claro, yo de esto no tenía ni idea, lo importante había sido el encuentro, las preguntas y la carta dejada en el saco o en el baúl, mensajera de sueños y deseos que poco después se harían realidad… o no.
Ya está completo todo el ritual previo. Sólo falta esperar el gran día o mejor la gran noche.
Transcurre el tiempo lentamente. Los amigos nos contamos lo pedido, pistolas, el fuerte de los americanos, balones, coches de cuerda, álbumes de cromos, soldados, animales… y la bici. Las niñas iban por otro lado, la educación era sexista y ellas querían muñecas, cocinitas y esas cosas que las hacían diferentes en sus gustos y aficiones de los chicos, aunque visto en la distancia, parece que a pesar de lo que pueda parecer las cosas han cambiado poco.
Las vacaciones escolares siguen su curso y el día se acerca. Van pasando las fiestas con sus comidas extraordinarias, sus noches alargadas en veladas familiares y la televisión. Mucha TV en blanco y negro con anuncios de impresionantes juguetes, con dibujos animados y películas aptas para todas las edades. El frío no nos echa atrás, bufanda, gorro, guantes y abrigo, la calle es testigo de nuestros juegos y de nuestras ilusiones. El humo que sale de las chimeneas de las casas crea un ambiente con olor a leña y a pueblo que envuelve la plaza y la calle embarrada. Al atardecer unas tristes bombillas la iluminan señalando el momento de regreso al hogar y las arduas tareas que con frecuencia diaria hay que hacer. Los deberes escolares para las vacaciones, los problemas de “Mates”, estudiar las lecciones de Lengua, de Historia o de Religión… “si no los terminas no te van a traer nada los Reyes”. Amenaza certera que te hace espabilar para ir terminando. Pero también en casa hay tiempo para divertirse con los tebeos o haciendo dibujos, leyendo los pocos libros de aventuras que hay en la estantería o jugando con restos de juguetes de otros años. La vida es muy sencilla, pero se aproxima a una vida feliz según yo la recuerdo.

El día 5 de enero transcurre lento, parece que los minutos no pasan. Se notan los nervios entre la chiquillería y es posible que un cierto ajetreo de última hora en las familias pase desapercibido para los que no estamos todavía al tanto de cómo funciona el asunto. Esa noche toca acostarse más temprano, en cuanto anochece parece que sus Majestades empiezan su titánica tarea de reparto que debe llegar a todos los hogares antes de las primera luces del día mágico, el 6 de enero. No es fácil conciliar el sueño pero finalmente te vence el cansancio de los juegos en la calle y el nerviosismo acumulado. Nada se oye durante la noche, todo es silencio.

Despiertas mucho antes que un día normal, el frío del amanecer no impide que salgas del mundo de los sueños y entres en otro real pero también lleno de sueños cumplidos.

Los Reyes, en mi casa, dejaban su carga en la habitación de mis padres. Enfrente de la cama había un par de sillones individuales con brazos de madera oscura que servían ese día de soporte a los juguetes. Yo entraba allí con Mama Pepa, mi abuela, que dormía en una cama junto a la mía y se levantaba en cuanto notaba mis primeras inquietudes al despertar. Los ojos abiertos al máximo y dirigidos hacia los sillones en busca del ansiado botín. En una ocasión, 6 de enero de 1960,  una bicicleta ocultó la vista a todo lo demás, aunque realmente no recuerdo si hubo algo más. La bicicleta me pareció enorme, era azul y con guardabarros niquelados, se sujetaba en el suelo, sin apoyo, gracias a dos ruedines traseros y tenía un timbre también niquelado que haría sonar muchas veces durante mucho tiempo, creo que era de marca Orbea, con frenos de varilla y sillín de cuero. Aquello me quedó en la memoria y esa bicicleta me hizo feliz el día que la recibí y muchos más durante los años que duró.

Tras tomar posesión de todos los juguetes me metía en la cama, entre mi madre y mi padre, con algunos de ellos, o con alguno de los cuentos que solían acompañarlos. Solían dejarme también una tarjeta con mi nombre y firmada por los tres Reyes como esta que adjunto. Mi abuela nos traía a la cama  unos borrachelos (dulces de hojaldre típicos malagueños que ella misma elaboraba) con miel o con azúcar y los acompañaba con un sorbito de anís Las Cadenas en un pequeño vaso de cristal de los que creo que aún existe alguno. Después tocaba levantarse, asearse y vestirse para salir a la calle cuanto antes a compartir con el resto del vecindario lo que habíamos recibido. Se nos iba la vista a lo que llevaran los amigos, no fuera que superase lo propio. Incluso veías alguna cosa con envidia porque a ti no te había tocado. Pero, bueno, después de todo, se disfrutaba con tus nuevos juguetes y enseguida se empezaba a compartir juego con el resto, con el balón o con la escopeta, con los soldados o con cualquier otra cosa porque lo individual se guardaba para casa.

La bicicleta, como digo, fue la estrella de aquellos Reyes de 1960. Me pareció enorme en su momento y creo haberla tenido hasta que se quedó pequeña. Si no recuerdo mal se la terminó llevando un primo de Barcelona. En ella aprendí a montar, primero con los ruedines, después con uno sólo y, finalmente sin ellos. Mi madre bajaba conmigo al muelle de la estación y con paciencia me acompañaba sujetándola por el sillín que poco a poco iba soltando hasta que fui capaz de mantener el equilibrio por mi mismo. Después fue motivo de diversión para muchos de mis amigos, todos los que podíamos nos subíamos en ella y nos dejábamos caer por la cuesta de los curas hasta llegar a la carretera que unía Pozuelo Estación con Pozuelo Pueblo. A veces íbamos hasta 6 ó 7 encaramados a la pobre bicicleta, pero era dura, aguantó todo esto sin romperse.

Heme aquí, bien abrigado en la bicicleta y acompañado por mi padre durante un paseo hacia el centro del pueblo. Tan sólo era 17 de enero, por lo que las ruedas auxiliares todavía se mantienen.

Hoy, sin haberlo pensado mucho tiempo, he visto una subasta en eBay a punto de finalizar de esta cámara. Como el precio era bastante asequible he esperado unos minutos, hasta que faltaban menos de dos para su fin y he pujado con el resultado de haber salido vencedor.

Es una Rollei 6×6 fabricada entre junio de 1951 y marzo de 1954 y monta una óptica Zeiss Opton Tessar de 75 mm f:3.5

Según las distintas fuentes varía la denominación:

Los números de serie del 1401000 al 1427999 sería Rolleiflex 3,5 A para Prochnow, Automat Rolleiflex Model 4 para Parker y Rolleiflex MX (type 2) para Evans.

Teniendo la mía el nº de serie 1412772

Esta compra ha desbaratado mi idea de comprar la Fuji X10 que se prevé saldrá al mercado a primeros de noviembre. Ya tenía el dinero para ella pero con esto me tengo que olvidar por el momento. Intentaré sacarle partido al formato medio analógico y escanear los negativos. He considerado que para digital puedo quedarme tranquilamente con la Nikon D300 y la Lumix LX3.

Ahora tengo que pagarla y esperar su recepción para acompañar este post con unas cuantas fotos.

Recibida el lunes 24 de octubre de 2011. Ya le he hecho algunas fotos:

 

En el post titulado El guateque hablo de algunas de las canciones que preferiblemente se ponían en el tocadiscos cuando llegaba la hora de los juegos e intercambios de besos y caricias. Gran parte de esos temas correspondían al, por entonces, mayor poseedor de canciones lentas para bailar “agarrados”, me refiero a Salvatore Adamo cuyo repertorio contenía “joyitas del agarrao” tales como Un mechón de tu cabello, Mis manos en tu cintura, La noche, Era una linda flor, Tu nombre, Ella anda, En bandolera… Verdaderamente la vena romántica de cada cual se excitaba al oirlas. Estamos hablando de los últimos años 60 o primeros 70, posiblemente hoy en día sólo provoquen este sentimiento a los que vivimos estos años  de aquella manera.

Todas eran versiones en español algunas de las cuales no he podido encontrar en video de la época y viéndolas en actuaciones de Adamo en años recientes ya no me producen la misma emoción, por eso he preferido quedarme con el más sugerente blanco y negro.

 

 

 

Los tebeos de mi niñez

Publicado: 14/10/2011 en Tebeos
Etiquetas:,

Editorial Bruguera, la misma que ya publicaba las aventuras de El Capitán Trueno, aumenta su oferta en 1958 con El Jabato, de hecho el primer número aparece como un regalo al adquir el ejemplar de El Capitán Trueno del 20 de octbre de 1958, nº 107. Aparición semanal al precio de 1.50 pts.
Son sus autores Victor Mora como guionista y Francisco Darnís como dibujante.
Originalmente apareción en formato horizontal y en blanco y negro aunque con el paso de los años se hicieron otros formatos y ediciones que utilizaron el color.
Las aventuras de los protagonistas se desarrollan en su lucha contra los romanos y en los infructuosos intentod de éstos últimos para atrapar a tan peligrosos íberos. El Jabato fue un campesino convertido en gladiador por los romanos que logra escapar dedicándose desde entonces a la lucha contra sus antiguos opresores. Siempre le acompaña Taurus, un gigantón que ya era amigo de Jabato desde antes de la invasión de los romanos. La dama, en este caso, es Claudia, hija de un senador convertido al cristianismo. En el nº 112 de la serie hace su aparición otro de los personajes importantes, el griego Fideo de Mileto, aficionado a la poesía y a la lira que provocará continuos quebraderos de cabeza a Taurus, quien no soporta su música ni su versos.
Tras la publicación del nº 381 llega a su final, en 1966.

Enlace a un artículo interesante: Del antiguo egipto a El Jabato, por Josep Padró i Parcerisa (Presidente de la Societat Catalana d’Egiptologia)

Enlace a Flickr, página de Silvia Darnís, hija del dibujante, con fotos de su padre trabajando y otras de viñetas y portadas originales

Cubiertas en color (que era lo habitual) de los números 1 y 381 (en éste podemos ver a los cuatro protagonistas: El Jabato, Taurus, Claudia y Fideo)

Una aventura, tomada de AQUÍ       Nº 169, año 1962: