Archivos para octubre, 2011

La Regla Sunny 16 y las cámaras analógicas

 Antes de la aparición de los fotómetros manuales y de los integrados en las modernas cámaras, la medición de la luz en fotografía era una cuestión de cálculo basado en el ensayo y error hasta llegar a unas conclusiones que se pudieran aplicar en condiciones similares. Muy conocida es la regla del Sunny 16 que consiste básicamente en aplicar el siguiente enunciado a nuestra toma sin fotómetro:

“En un día soleado utilizar una velocidad de obturación inversa a la sensibilidad ISO de la película que estamos utilizando y fijar el diafragma en f/16”

Es decir, para película de 100 ISO, fijaremos la velocidad en 1/125 sg (si la cámara no dispone de 1/100) y el diafragma a f/16. Como la luz va disminuyendo en el transcurso del día podremos mantener la misma velocidad si vamos abriendo el diafragma.

Los fabricantes de película fotográfica incluían en las cajas o en un prospecto adjunto una tabla de equivalencias recomendadas para su producto. Algo similar a esto:

                           Para ISO 100 – Velocidad 1/125

Situación de iluminación

Diafragma

Stop

Nieve o playa

f/22

+1

Soleado

f/16

0

Parcialmente nuboso

f/11

-1

Nuboso

f/8

-2

Cielo totalmente cubierto

f/5.6

-3

Sombras

f/4

-4

Los diafragmas estándar son:

f/1.4 – 2 – 2.8 – 4 – 5.6 – 8 – 11 – 16 – 22 – 32 – 45 – 64

La escala estándar de velocidades de obturación desde 1 segundo hacia arriba (es decir, más rápido o lo que es lo mismo, fracciones de sg)

1  1/2  1/4  1/8  1/15 1/30 1/60 1/125 1/250 1/500 1/1000 1/2000 1/4000 1/8000

Con estos valores es posible jugar o hacer combinaciones que nos den un resultado deseado porque si hacemos caso estricto y queremos realizar un retrato a la luz del sol del mediodía usando f/16 y 1/125 de sg obtendremos una gran profundidad de campo que puede no ser idónea para tal toma. Conociendo los valores estándar de los diafragmas podemos abrir un número de pasos al mismo tiempo que aumentamos la velocidad en idéntico  número de pasos.

Luego para el retrato arriba citado podemos abrir a f/4, es decir, 4 pasos, al mismo tiempo que aumentamos la velocidad de obturación en 4 pasos llevándola a 1/2000. Como la profundidad de campo disminuye cuanto más abierto sea el diafragma, por lo que el retrato en cuestión mejorará ostensiblemente.

Otro supuesto práctico para juguetear y familiarizarnos con esta regla. Si tenemos un teleobjetivo poco luminoso que abre como máximo a f/5.6 y queremos tomar una fotografía al atardecer en una zona de sombra, según el cuadro anterior no podríamos porque necesitamos un diafragma de f/4 y el tele no lo permite ¿hemos de renunciar a la toma? Por supuesto que no. Hemos visto antes que podemos combinar velocidad y diafragma abriendo o cerrando un mismo número de pasos, luego si colocamos f/5.6 estamos cerrando diafragma un paso que compensaremos con una velocidad un paso “más lenta”, es decir 1/60 sg. Lo malo es que si hablamos de cámaras analógicas no podemos cambiar la sensibilidad de nuestra película (salvo forzando ISO y revelar después en consecuencia) y para disparar a pulso un teleobjetivo a 1/60 hay que tenerlo muy firme. En digital no hay problema, se aumenta el ISO, reajustamos parámetros y a correr.

Y uno más en un día de nubes. Supongamos una excursión a un bonito paraje en el que una preciosa cascada nos deleita con su sonido de agua cayendo con furia. Queremos inmortalizar el momento congelando toda esa agua que cae en un fotograma pero el día nuboso puede jugar una mala pasada a nuestra cámara analógica y sin fotómetro. Menos mal que llevamos puesto un carrete de Tri X 400, que ya es algo. ¿Cómo proceder correctamente? Según la regla Sunny 16, a ISO 400 la velocidad de obturación sería 1/500 sg (la más próxima a la sensibilidad de la película) y el día nublado nos pide un diafragma de f/8 (2 pasos más abierto que en día soleado). Si queremos “congelar” el movimiento del agua deberemos utilizar al menos una velocidad de 1/1000, lo que equivale a aumentarla en 1 stop, pasar de 1/500 a 1/1000 y, recíprocamente, cerrar diafragma 1 stop, a f/5.6. Si en lugar de ISO 400 llevamos ISO 200 la secuencia sería aumentar velocidad 2 stop: de 1/250 a 1/1000 y cerrar diafragma de f/8 a f/4.

También las antiguas cámaras podían ser portadoras de instrucciones similares a las películas fotográficas, orientadas a facilitar su uso por los aficionados ayudando a la obtención de los mejores resultados.

En la parte posterior de mi Rolleiflex 3,5 A, de los primeros años 50, el cuadro de ayuda a la exposición es el que muestro junto a su traducción más o menos acertada:

Exposición al sol entre las 9 y las 15 h, de mayo a agosto

 

Playa y montaña

Escenas brillantes de deportes en paisajes y espacios abiertos

Paisaje con primer plano al aire libre en escenas de calle

Gente en la sombra

Gente debajo de árboles

Gente en habitaciones luminosas

 

Marzo, abril, septiembre, octubre o sin sol: 2X

 

Conocer el valor de la luz en las distintas horas del día y en las diferentes situaciones climatológicas o atmosféricas es de especial interés en fotografía como hemos visto. Tanto es así que algunas cámaras sin fotómetro llevan una escala sobre la que se ajusta el valor que consideremos adecuado para un determinado momento y en función del mismo la propia cámara ofrece los pares de diafragma/velocidad adecuados. Es el caso de mi Kodak Retina 1b (Type018), la cual, junto a las escalas de diafragma y velocidades típicas, presenta una Light Value Scale  que va de 3 a 18 y que se debe elegir según la siguiente tabla que nos facilita el manual de instrucciones:


Uno, que ya ha cumplido unos años y de casi todo han transcurrido 20, recuerda el día de Reyes como un día de ilusión y como prácticamente el único del año en que había regalos, o mejor, en el que había juguetes, que es la expresión que utilizábamos los niños de entonces. Los nervios te acompañaban desde días antes porque el ritual era largo. Comenzaba con la decisión íntima de lo que querías pedir, siempre sin pasarte porque intuías, no lo sabías a ciencia cierta, que todo no iba a poder ser, así que había que elegir, y eso era un inconveniente con solución complicada porque resultaba difícil renunciar a algunas cosas. Después le llegaba la hora a la redacción de la carta bien en algún modelo ya preparado procedente de comercios o bien de forma autónoma o estilo libre que para mí era lo más habitual y, además, te permitía alojar algún dibujo relacionado con la efeméride o con los juguetes citados en el texto. Había que esmerarse en su redacción porque si los Reyes, me decían mis padres, veían una carta sucia, emborronada y con faltas de ortografía la tirarían inmediatamente a la papelera sin hacerle ningún caso trayéndote solamente y en consecuencia el tan temido “Carbón”.
Hecha la elección y redactada la carta el siguiente paso consistía en su entrega en mano a los Reyes o sus Pajes que durante días desafiaban al frío en algunos lugares de Madrid, tradicionalmente en El Corte Inglés, los Reyes y en Galería Preciados sus Pajes. Supongo que a la mayoría de los niños nos gustaba más hacer la entrega directamente en mano de alguno de los tres Reyes Magos dada las enormes colas que había para acceder un momento a sus piernas, escuchar las preguntas mágicas: ¿has sido bueno? ¿has estudiado mucho? ¿te has portado bien con tus padres? mientras el fotógrafo te inmortalizaba en una foto que, si tus padres adquirían, llegaría a casa en unos días después, pero, claro, yo de esto no tenía ni idea, lo importante había sido el encuentro, las preguntas y la carta dejada en el saco o en el baúl, mensajera de sueños y deseos que poco después se harían realidad… o no.
Ya está completo todo el ritual previo. Sólo falta esperar el gran día o mejor la gran noche.
Transcurre el tiempo lentamente. Los amigos nos contamos lo pedido, pistolas, el fuerte de los americanos, balones, coches de cuerda, álbumes de cromos, soldados, animales… y la bici. Las niñas iban por otro lado, la educación era sexista y ellas querían muñecas, cocinitas y esas cosas que las hacían diferentes en sus gustos y aficiones de los chicos, aunque visto en la distancia, parece que a pesar de lo que pueda parecer las cosas han cambiado poco.
Las vacaciones escolares siguen su curso y el día se acerca. Van pasando las fiestas con sus comidas extraordinarias, sus noches alargadas en veladas familiares y la televisión. Mucha TV en blanco y negro con anuncios de impresionantes juguetes, con dibujos animados y películas aptas para todas las edades. El frío no nos echa atrás, bufanda, gorro, guantes y abrigo, la calle es testigo de nuestros juegos y de nuestras ilusiones. El humo que sale de las chimeneas de las casas crea un ambiente con olor a leña y a pueblo que envuelve la plaza y la calle embarrada. Al atardecer unas tristes bombillas la iluminan señalando el momento de regreso al hogar y las arduas tareas que con frecuencia diaria hay que hacer. Los deberes escolares para las vacaciones, los problemas de “Mates”, estudiar las lecciones de Lengua, de Historia o de Religión… “si no los terminas no te van a traer nada los Reyes”. Amenaza certera que te hace espabilar para ir terminando. Pero también en casa hay tiempo para divertirse con los tebeos o haciendo dibujos, leyendo los pocos libros de aventuras que hay en la estantería o jugando con restos de juguetes de otros años. La vida es muy sencilla, pero se aproxima a una vida feliz según yo la recuerdo.

El día 5 de enero transcurre lento, parece que los minutos no pasan. Se notan los nervios entre la chiquillería y es posible que un cierto ajetreo de última hora en las familias pase desapercibido para los que no estamos todavía al tanto de cómo funciona el asunto. Esa noche toca acostarse más temprano, en cuanto anochece parece que sus Majestades empiezan su titánica tarea de reparto que debe llegar a todos los hogares antes de las primera luces del día mágico, el 6 de enero. No es fácil conciliar el sueño pero finalmente te vence el cansancio de los juegos en la calle y el nerviosismo acumulado. Nada se oye durante la noche, todo es silencio.

Despiertas mucho antes que un día normal, el frío del amanecer no impide que salgas del mundo de los sueños y entres en otro real pero también lleno de sueños cumplidos.

Los Reyes, en mi casa, dejaban su carga en la habitación de mis padres. Enfrente de la cama había un par de sillones individuales con brazos de madera oscura que servían ese día de soporte a los juguetes. Yo entraba allí con Mama Pepa, mi abuela, que dormía en una cama junto a la mía y se levantaba en cuanto notaba mis primeras inquietudes al despertar. Los ojos abiertos al máximo y dirigidos hacia los sillones en busca del ansiado botín. En una ocasión, 6 de enero de 1960,  una bicicleta ocultó la vista a todo lo demás, aunque realmente no recuerdo si hubo algo más. La bicicleta me pareció enorme, era azul y con guardabarros niquelados, se sujetaba en el suelo, sin apoyo, gracias a dos ruedines traseros y tenía un timbre también niquelado que haría sonar muchas veces durante mucho tiempo, creo que era de marca Orbea, con frenos de varilla y sillín de cuero. Aquello me quedó en la memoria y esa bicicleta me hizo feliz el día que la recibí y muchos más durante los años que duró.

Tras tomar posesión de todos los juguetes me metía en la cama, entre mi madre y mi padre, con algunos de ellos, o con alguno de los cuentos que solían acompañarlos. Solían dejarme también una tarjeta con mi nombre y firmada por los tres Reyes como esta que adjunto. Mi abuela nos traía a la cama  unos borrachelos (dulces de hojaldre típicos malagueños que ella misma elaboraba) con miel o con azúcar y los acompañaba con un sorbito de anís Las Cadenas en un pequeño vaso de cristal de los que creo que aún existe alguno. Después tocaba levantarse, asearse y vestirse para salir a la calle cuanto antes a compartir con el resto del vecindario lo que habíamos recibido. Se nos iba la vista a lo que llevaran los amigos, no fuera que superase lo propio. Incluso veías alguna cosa con envidia porque a ti no te había tocado. Pero, bueno, después de todo, se disfrutaba con tus nuevos juguetes y enseguida se empezaba a compartir juego con el resto, con el balón o con la escopeta, con los soldados o con cualquier otra cosa porque lo individual se guardaba para casa.

La bicicleta, como digo, fue la estrella de aquellos Reyes de 1960. Me pareció enorme en su momento y creo haberla tenido hasta que se quedó pequeña. Si no recuerdo mal se la terminó llevando un primo de Barcelona. En ella aprendí a montar, primero con los ruedines, después con uno sólo y, finalmente sin ellos. Mi madre bajaba conmigo al muelle de la estación y con paciencia me acompañaba sujetándola por el sillín que poco a poco iba soltando hasta que fui capaz de mantener el equilibrio por mi mismo. Después fue motivo de diversión para muchos de mis amigos, todos los que podíamos nos subíamos en ella y nos dejábamos caer por la cuesta de los curas hasta llegar a la carretera que unía Pozuelo Estación con Pozuelo Pueblo. A veces íbamos hasta 6 ó 7 encaramados a la pobre bicicleta, pero era dura, aguantó todo esto sin romperse.

Heme aquí, bien abrigado en la bicicleta y acompañado por mi padre durante un paseo hacia el centro del pueblo. Tan sólo era 17 de enero, por lo que las ruedas auxiliares todavía se mantienen.

Hoy, sin haberlo pensado mucho tiempo, he visto una subasta en eBay a punto de finalizar de esta cámara. Como el precio era bastante asequible he esperado unos minutos, hasta que faltaban menos de dos para su fin y he pujado con el resultado de haber salido vencedor.

Es una Rollei 6×6 fabricada entre junio de 1951 y marzo de 1954 y monta una óptica Zeiss Opton Tessar de 75 mm f:3.5

Según las distintas fuentes varía la denominación:

Los números de serie del 1401000 al 1427999 sería Rolleiflex 3,5 A para Prochnow, Automat Rolleiflex Model 4 para Parker y Rolleiflex MX (type 2) para Evans.

Teniendo la mía el nº de serie 1412772

Esta compra ha desbaratado mi idea de comprar la Fuji X10 que se prevé saldrá al mercado a primeros de noviembre. Ya tenía el dinero para ella pero con esto me tengo que olvidar por el momento. Intentaré sacarle partido al formato medio analógico y escanear los negativos. He considerado que para digital puedo quedarme tranquilamente con la Nikon D300 y la Lumix LX3.

Ahora tengo que pagarla y esperar su recepción para acompañar este post con unas cuantas fotos.

Recibida el lunes 24 de octubre de 2011. Ya le he hecho algunas fotos:

 

En el post titulado El guateque hablo de algunas de las canciones que preferiblemente se ponían en el tocadiscos cuando llegaba la hora de los juegos e intercambios de besos y caricias. Gran parte de esos temas correspondían al, por entonces, mayor poseedor de canciones lentas para bailar “agarrados”, me refiero a Salvatore Adamo cuyo repertorio contenía “joyitas del agarrao” tales como Un mechón de tu cabello, Mis manos en tu cintura, La noche, Era una linda flor, Tu nombre, Ella anda, En bandolera… Verdaderamente la vena romántica de cada cual se excitaba al oirlas. Estamos hablando de los últimos años 60 o primeros 70, posiblemente hoy en día sólo provoquen este sentimiento a los que vivimos estos años  de aquella manera.

Todas eran versiones en español algunas de las cuales no he podido encontrar en video de la época y viéndolas en actuaciones de Adamo en años recientes ya no me producen la misma emoción, por eso he preferido quedarme con el más sugerente blanco y negro.

 

 

 

Los tebeos de mi niñez

Publicado: 14/10/2011 en Tebeos
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Editorial Bruguera, la misma que ya publicaba las aventuras de El Capitán Trueno, aumenta su oferta en 1958 con El Jabato, de hecho el primer número aparece como un regalo al adquir el ejemplar de El Capitán Trueno del 20 de octbre de 1958, nº 107. Aparición semanal al precio de 1.50 pts.
Son sus autores Victor Mora como guionista y Francisco Darnís como dibujante.
Originalmente apareción en formato horizontal y en blanco y negro aunque con el paso de los años se hicieron otros formatos y ediciones que utilizaron el color.
Las aventuras de los protagonistas se desarrollan en su lucha contra los romanos y en los infructuosos intentod de éstos últimos para atrapar a tan peligrosos íberos. El Jabato fue un campesino convertido en gladiador por los romanos que logra escapar dedicándose desde entonces a la lucha contra sus antiguos opresores. Siempre le acompaña Taurus, un gigantón que ya era amigo de Jabato desde antes de la invasión de los romanos. La dama, en este caso, es Claudia, hija de un senador convertido al cristianismo. En el nº 112 de la serie hace su aparición otro de los personajes importantes, el griego Fideo de Mileto, aficionado a la poesía y a la lira que provocará continuos quebraderos de cabeza a Taurus, quien no soporta su música ni su versos.
Tras la publicación del nº 381 llega a su final, en 1966.

Enlace a un artículo interesante: Del antiguo egipto a El Jabato, por Josep Padró i Parcerisa (Presidente de la Societat Catalana d’Egiptologia)

Enlace a Flickr, página de Silvia Darnís, hija del dibujante, con fotos de su padre trabajando y otras de viñetas y portadas originales

Cubiertas en color (que era lo habitual) de los números 1 y 381 (en éste podemos ver a los cuatro protagonistas: El Jabato, Taurus, Claudia y Fideo)

Una aventura, tomada de AQUÍ       Nº 169, año 1962:

Hacía tiempo que no ponía ningún dibujo o caricatura de The Beatles. Retomando las entradas pongo unas cuanta más como siempre citando a su autor si es posible o como anónima si no encuentro el dato.

by adventurevisual

Anónimo

by halfbloodgirl9

by Wolf Hearts

Entre los días 10 y 13 de mayo de 1931, un mes después de proclamada la Segunda República en España, comienzan en Madrid una serie de disturbios anticlericales que se extenderán rapidamente a otros lugares, entre ellos la ciudad de Málaga. Los disturbios tuvieron su origen en una pastoral publicada por el cardenal Pedro Segura (cardenal primado de España hasta su destitución al proclamarse la República) en la instaba a los fieles a defender los principios y los bienes de la Iglesia Católica contra el laicismo que se esxtendía de forma imparable. La pastoral se consideró casi como una declaración de guerra y la reacción fue la quema incontrolada de conventos y la ola de violencia contra las instituciones eclesiales.

En Málaga los disturbios tuvieron lugar durante la noche del día 11 y todo el día 12, y comenzaron al recibirse noticias de lo que estaba sucediendo en Madrid.

Mi tío Federico, hermano de mi madre, tenía 17 años, por lo que le supongo correteando por aquellas peligrosas calles en compañia de sus amigos. En un cuadernillo de notas encuentro una de mi tío que da cuenta de su ingreso en “el cuartel de Álava (¿?) el día 17 de septiembre del año 1928 a los 15 de edad”, por lo que también es posible que anduviera por las calles en su condición de algún tipo de “autoridad” que desconozco. Mi madre alguna vez me contó que su hermano fue Guardia de Asalto, pero en estos momentos no debería serlo todavía dado que dicho Cuerpo se creó en 1932. En cualquier caso se topó con algunos restos de la barbarie incontrolada que se estaba produciendo y acertó a coger del suelo una cabeza de entre los trozos esparcidos de un Cristo destrozado. La llevó a su casa y desde entonces ha ido acompañando a mi familia, ahora está conmigo en un estado que no sé si calificar de peor al que ha tenido ya que numerosos y pequeños desconchones producen sensación de deterioro creciente.

Añado aquí las fotos de tal “reliquia” acompañando, para contextualizarla y ampliar información, a los textos de periodistas o escritores que han tratado el tema de aquella violencia y que he podido encontrar en Internet.

En 2006, el periódico La Opinión de Málaga publica la siguente crónico con motivo del 75 aniversario de los sucesos:

El 11 y el 12 de mayo de 1931 han pasado a la historia por la quema de los conventos. 40 edificios religiosos y civiles fueron asaltados o incendiados. 75 años después, pocos entienden las causas

IGNACIO A. CASTILLO. MÁLAGA Durante los días siguientes, Málaga seguía oliendo a humo. Una intensa peste que se metía por la nariz y que dificultaba la respiración. Insoportable. La Guardia Civil ya sí estaba apostada a las puertas de los templos. Su sola presencia sirvió para disuadir a los alborotadores de continuar con su labor destructora. La ciudad estaba en estado de guerra después de que, no se sabía bien por qué, miles de de personas se unieran el 11 de mayo para asaltar e incendiar las iglesias y los conventos de la ciudad. De eso hace hoy 75 años. Y después de este tiempo, muchos malagueños que vivieron aquellos sucesos cuando eran niños, siguen sin entender los motivos de esta ola de violencia.
Más de 40 edificios civiles, y sobre todo religiosos, fueron asaltados y, en su caso, incendiados. La mayor parte del patrimonio religioso y artístico de la ciudad se consumió en medio de las llamas o fue destrozado a golpes. También desaparecieron los archivos documentales de siglos.
Fue la consecuencia más extrema y devastadora de la corriente anticlerical que desde hacía años existía en España y que tuvo lugar a menos de un mes de haber sido proclamada la II República, a pesar de que el gobierno del entonces presidente, Niceto Alcalá Zamora, condenara tan radical ola de violencia.
La clave pudo estar en la aparente impunidad que encontraron los alborotadores, ya que el gobernador militar, el general Juan Gómez García Caminero, ordenó la retirada de la Guardia Civil. Las autoridades no querían dar una respuesta que se hubiese considerado como represiva. Vía libre para los asaltos que, si en principio podían tener una base ideológica con objetivos muy definidos, luego se convirtió en una auténtica ola destructiva y vandálica. Esta es la tesis que argumenta el doctor en Historia Contemporánea José Jiménez Guerrero, que el próximo 19 de mayo presenta en el Rectorado su libro `La quema de conventos en Málaga. Mayo de 1931´.
Objetivos definidos. “En sus inicios, los ataques en Málaga fueron un reflejo de lo ocurrido en Madrid un día antes. Aquí se asaltaron y, en casos, se destruyeron más de cuarenta edificios, no sólo religiosos. También atacaron la sede del periódico La Unión Mercantil y la de los almacenes Creixell, ambos del mismo dueño. En la capital de España, el día antes, se atacó el edificio del ABC y la residencia de los jesuitas, así como otros edificios religiosos. La Compañía de Jesús tampoco se libró en Málaga durante la primera fase de conflicto. La relevancia de la Orden y el deseo de actuar contra ella era evidente. También se incendió la iglesia de Santo Domingo, donde recibían culto las dos cofradías más importantes de la ciudad en ese momento: Esperanza y Mena. La primera representaba el estilo y características que se quería imprimir a la Semana Santa desde los años 20; y la segunda poseía una vinculación con el Ejército, cuestionada desde sectores anticlericales, así como tenía como imagen titular al carismático Cristo de la Buena Muerte, obra de Pedro de Mena”, explica el profesor.
En las primeras horas también se incendió el Palacio Episcopal, el símbolo espacial del poder del clero. El obispo, Manuel González, tuvo que huir de la ciudad ayudado incluso por algunos republicanos, que tampoco entendían tanta violencia. Lo ocurrido durante la madrugada y durante el día 12, se puede incluir dentro de una segunda fase y responde a una reacción en masa, gentes que aprovecharon la circunstancias para dar rienda suelta a su radicalismo y acabar con todo lo que se le ponía por delante, amparados en el anonimato de la multitud. Unos vándalos. Aunque después hubo más de 200 detenidos y unas 150 personas ingresaron en prisión.
Hay quien se arrepintió con el paso de los años. Lola Carrera, en su documentado libro `Historias y Anécdotas de la Semana Santa de Málaga´, narra la historia de un hombre que participó en la quema de la iglesia de la Merced y de la Virgen de la Piedad, que allí recibía culto y, ya mayor, confesó su error a la cofradía y llegó a participar de promesa en la procesión, tras el trono, revestido de hábito nazareno.
Manuel Sánchez Ballester tenía cinco años en mayo de 1931 y vivía en el mismo lugar que hoy ocupa el antiguo y abandonado cine Andalucía. “Recuerdo, como si fuera ayer, cómo desde la ventana de mi casa veía una hoguera en el centro de la plaza de la Merced, delante de las Casas de Campo, donde quemaron al Cristo de la Sangre y otras imágenes”, relata.
“Mi padre me contaba que muchos de los asaltantes, al entrar en la iglesia de Santiago, se quitaban la boina. Luego, algo de respeto sentían al acceder al templo. Creo que muchos se vieron empujados y se dejaron contagiar por el ambiente de violencia que existía. Las tasas de analfabetismo entonces eran enormes y fueron víctimas de la manipulación. Entraban a quemar las iglesias como el que iba a comprarse un merengue en la confitería La Imperial”, añade Sánchez Ballester, quien, después de 75 años, aún no comprende por qué ocurrió todo lo que presenció desde aquella ventana.
Victoria Palma, hija del escultor Francisco Palma García y hermana del también artista Francisco Palma Burgos, recordaba en un reportaje publicado en este periódico la impresión que le causó, cuando era pequeña, ver a su padre entrando en su casa de la calle Cobertizo del Conde llorando, oliendo a humo, y con un misterioso objeto envuelto en su gabardina que resultó ser una pierna del Cristo de Mena, lo único que consiguió salvar del incendio de Santo Domingo en su valerosa incursión entre los violentos, que incluso saboteaban el trabajo de los bomberos en su intento por extinguir el fuego.
Rescates. Muchas fueron las personas, de toda ideología y condición, que protagonizaron estos heroicos episodios, enfrentándose a los agitadores, ayudando a monjas y curas o entrando en las iglesias en llamas, para tratar de salvar alguna imagen o pieza del ajuar de las cofradías. En la Merced desaparecieron las imágenes del Cristo de los Gitanos, la Sangre, Viñeros o la Piedad; en el Carmen, la Virgen del Carmen o el Señor de la Misericordia; en San Pablo, la Soledad… y en Santo Domingo, además del Cristo de la Buena Muerte, el Nazareno del Paso y, en principio, también se creía que la Esperanza.
Pero un joven, Francisco Sánchez Segarra, logró rescatar la cabeza en el último instante y la devolvió a la archicofradía a los pocos días. María Teresa Villarejo, hija del que durante muchos años fuera el hermano mayor, Francisco Villarejo, y la hermana más antigua de la corporación, tenía 23 años en mayo de 1931. Dos años antes, contrajo matrimonio en Santo Domingo con Julio Gancedo, que luego llegó a ser también hermano mayor de la Esperanza. Recuerda a sus 98 años de edad los sucesos del 11 y 12 de mayo con suma facilidad. Aún se emociona. “Un día llegó mi marido con un paquete liado en periódicos: era la cabeza de la Virgen”, recuerda con gran cariño. Luego, Adrián Risueño la restauró y se puso al culto en la Catedral antes de regresar a Santo Domingo.
María Teresa vivía en la esquina de la calle Calderería con Marqués del Vado. Aún se le saltan las lágrimas al recordar las dantescas escenas que vivió en la calle Granada. “Había mujeres de mala vida y hombres que se disfrazaban con las casullas y roquetes que sacaban de las iglesias, se burlaban y bebían de los copones y cálices profanados. Se me caían las lágrimas y mi marido me pedía que no llorara, porque nos podían descubrir”, relata.
Aún recuerda el tumulto, los grupos armados con palos y piquetes, las incontables pavesas que caían sobre las cabezas de los viandantes y el miedo en esa noche trágica y en los días posteriores. “Lo quemaron todo. Desde los Montes de Málaga se veía la ciudad ardiendo y con grandes columnas de humo. Todo el mundo estaba metido en sus casas, horrorizado, sin atreverse a salir y sin saber qué hacer. Todavía no entiendo como el hombre puede tener esa capacidad de destruir”, concluye María Teresa Villarejo.
Han pasado 75 años de aquellos sucesos de mayo de 1931 y, pese al tiempo transcurrido, la quema de conventos continúa en la memoria colectiva y se considera uno de los acontecimientos más trascendentales vividos en Málaga en el siglo XX. Aquello causó una gran fractura en la sociedad de consecuencias fratricidas. Ahora, más allá de ideologías y creencias, todos concluyen que estos episodios nunca debieron haberse producido.

El siguiente artículo está sacado de AQUÍ , una página que pide el voto para el P-LIB (Partido Liberal) para las póximas elecciones del 20-N

“La quema de conventos en Málaga. Mayo de 1931”

                                                              José Jiménez Guerrero. La ira sagrada en la Segunda República

 19-ene-2010  –  Miguel Ángel Jiménez Guerra
Málaga fue una de las ciudades más afectadas por la quema y saqueo de conventos e iglesias que se desató a principios de la Segunda República.

Los visitantes foráneos de Málaga y sus más jóvenes ciudadanos poco conocen acerca de los hechos acaecidos en la ciudad en mayo de 1931. Una especie de locura colectiva arrasó con la gran mayoría de sus iglesias y conventos en una orgía de fuego y destrucción. La capital malagueña perdió importantísimas obras de arte y su patrimonio artístico e histórico no ha podido recuperarse nunca de tales sucesos.

Anticlericarismo

Las ideas anticlericales tienen carta de naturaleza desde el siglo XVIII. Basadas en pensadores como Voltaire propugnan la separación total entre Iglesia y Estado, circunscribiendo la religión al ámbito privado de cada individuo.

En el caso español, tales ideas tomaron particular fuerza en el siglo XIX, con hitos importantes, como la desamortización de bienes eclesiásticos emprendida por el ministro Mendizábal en 1836. Todo el siglo XIX en nuestro país es una lucha constante entre liberales y conservadores, entre laicistas y clericales.

El siglo XX sería testigo de los episodios más trágicos de esta lucha.

Málaga: una sociedad dividida

En el libro de José Jiménez Guerrero, doctor en historia por la Universidad de Málaga, se recoge magistralmente el ambiente previo a la proclamación de la República en la ciudad. Málaga ha tenido siempre una gran tradición con su Semana Santa y ya en aquella época atraía a numerosos visitantes por la gran fama de sus imágenes. Los años veinte habían sido una época de gran esplendor en este sentido.

La Semana Santa de 1931, celebrada pocos días antes de ser proclamada la República, va a ser vivida en medio de una gran tensión, debido a campañas anticlericales contrarias a la salida de los tronos a la calle. El incidente más grave se producirá el Martes Santo, cuando la explosión de un petardo cerca de calle Larios durante una de las procesiones provocó una estampida de la que resultaron varios heridos.

El detonante

La proclamación de la República fue ampliamente celebrada en Málaga sin apenas incidentes, si bien cabe mencionar la sustitución de la estatua del marqués de Larios, el gran terrateniente e industrial de la ciudad, por la de un obrero.

Es en la noche del 11 de mayo, un mes después de proclamada, cuando va a desatarse un verdadero infierno en la ciudad, sobre todo para sus habitantes más católicos. Los acontecimientos malagueños siguieron la estela de los sucedidos en Madrid.

El detonante fue una carta del arzobispo de Toledo, cardenal Segura, que fue considerada por el gobierno como hostil al régimen republicano, lo que produjo que grupos de radicales intentaran quemar la sede del periódico ABC y atacaran varios edificios religiosos en la capital del país.

Noche de incendios

Las noticias que llegan a Málaga desatan la histeria y grupos incontrolados comienzan a imitar las acciones de Madrid. El palacio del obispo es quemado y destruido por completo, así como la gran mayoría de las iglesias y conventos de la ciudad. Sucede lo mismo con la sede del diario conservador “La Unión Mercantil” y los almacenes Creixell. La gran onda expansiva de estos acontecimientos llegará también a muchos pueblos de la provincia.

Según investigaciones posteriores, parece ser que al menos los ataques sucedidos en el centro de la ciudad estuvieron organizados por elementos de la izquierda más radical. Los producidos en las barriadas periféricas parecen más bien llevados a cabo por golfos y delincuentes habituales de los estratos más bajos.

Ciertamente, la autoridad, a pesar de contar con escasos medios, poco hizo por evitar la catástrofe y solo reaccionó practicando algunas detenciones cuando el mal ya se había consumado. Resulta increíble el ensañamiento que se produjo esa noche contra todo lo que oliera a sacristía.

La muchedumbre penetraba en las iglesias, destruía, quemaba y saqueaba sin piedad. A las puertas de los templos se formaban grandes hogueras en las que se quemaban arbitrariamente tallas de gran valor histórico junto con todo tipo de objetos eclesiásticos. Los huesos de frailes y monjas enterrados eran sacados a la calle en procesión burlesca. Quién podía se llevaba a casa piezas valiosas o dinero.

Las terribles consecuencias

Hay quien explica estos hechos como una conspiración comunista. Hay quien los entiende como una reacción natural y legítima de las gentes más humildes a siglos de abusos del poder eclesiástico mientras el pueblo se moría de hambre. Las riquezas que atesoraba la iglesia en sus edificios daban argumentos a los defensores de esa postura, pero en cualquier caso los ataques fueron tan bárbaros y desproporcionados como inservibles para cualquier fin social.

Lo cierto es que las pérdidas para la ciudad fueron catastróficas. Entre las obras de arte perdidas se encuentra el Cristo de Pedro de Mena, una auténtica maravilla escultórica, además de otras muchas obras de este autor. También obras de Fernando Ortiz, Niño de Guevara, Alonso Cano, Murillo, entre otros, así como valiosos retablos o archivos.

Algunas iglesias como la de la Merced o conventos como el del Ángel quedaron en ruinas y terminaron siendo demolidos. La gran mayoría de las tallas de la Semana Santa actual son reproducciones de las antiguas. La ciudad de Málaga perdió gran parte de su rico patrimonio en una sola noche. Lo único positivo es que las personas no fueron atacadas. No hubo muertos.

Estos hechos resultaron fatales para una República naciente que los condenó con firmeza pero falló estrepitosamente a la hora de poner medios para evitarlos. Lo peor de todo es que proporcionaron argumentos para la sublevación que pocos años después dio lugar a nuestra Guerra Civil. La República fue una gran oportunidad perdida que fue destruida por los extremistas de uno y otro lado que pretendían una organización social a su medida.

En la Revista Jábega, nº 7 ; 1974, Diego Esquinas de Ávila publica el artículo reproducido en el siguiente pdf

Quema de iglesias en Málaga

Acabo de recibir desde Ucrania una FED 3 en un estado estético bastante aceptable. Me queda por probar estado funcional.

Viene equipada, al igual que la FED 2, con un objetivo Industar 61 de 52 mm f:2.8 con su correspondiente parasol.

Cuerpo con forro decorado, en buen estado.

Aquí la página de eBay en la que la compré y los datos de la remitente ucraniana:

El viaje en el tren cercanías desde Pozuelo de Alarcón a la Estación del Norte de Madrid tenía una duración de unos veinte minutos. En ese tiempo, todos lo que viajábamos rumbo al Colegio, cométiamos mil tropelías que conseguían molestar y enfadar a los otros viajeros,  hacer que llamaran al revisor, o que se fueran a otro vagón más tranquilo dejándonos solos con nuestras barbaridades. De Pozuelo éramos 5 ó 6, pero tambien venían otros procedentes de Majadahonda, Las Rozas, La Navata y algún otro pueblo cercano a la Sierra.

Los primeros años, hacia 1964, mi madre me recogía en la estación. Ella trabajaba ahí, en las oficinas de RENFE y ese fue posiblemente el motivo de elegir el Colegio de la calle Cadarso. La proximidad le permitía tenerme cerca cuando iba y cuando volvía, de forma que mis visitas a su oficina eran relativamente frecuentes. Muchos de sus compañeros me conocían y me trataban con familiaridad e incluso con cariño. Yo recuerdo a algunos de ellos aunque haya ovidado más de un nombre, cosa que no ha sucedido con uno pelirrojo, con  bigotito, gafas y algo cargado de hombros, Polo era su apellido, que salía de la oficina y siempre regresaba con algunos libros que había comprado no sé muy bien dónde. Le gustaba picarme diciéndome que tenía más libros que yo, cosa cierta porque yo no tenía ninguno salvo los propios del colegio, y a mi eso me fue calando, me llamaba mucho la atención que presumiera conmigo de su biblioteca que nunca vi ni supe si era realmente grande o no. Mi madre también me decía que era un hombre muy culto que leía mucho y que raro era el día que no compraba algún libro. Yo, desde entonces, he tenido la idea de que fue él quien me aficionó a los libros, quien despertó mi interés por hacer mi biblioteca, hasta el punto de conseguir de mi padre que me ensamblara  una pequeña estantería de dos baldas en la que puse lo poco que tuve en aquellos años, libros que aún conservo y que de vez en cuando me gusta hojear. En algún momento pasarán a tener su propia entrada en este blog.

De esa oficina tengo unos cuantos recuerdos que posiblemente difieran algo de la realidad pero se mantienen fijos a lo largo de los años, por lo que, aunque vagos, seguro que se le aproximan. Uno de ellos es el del diccionario al que dedico esta entrada. Estaba en el cajón de su mesa, junto a otras cosas que también recuerdo como las cajas de las cintas de la máquina de escribir, cajas que una vez vacías me traía para jugar y en las que yo guardaba pequeños objetos. También solía tener en el cajón una caja de caramelos de violeta y de vez en cuando se echaba uno a la boca, otras veces era una juanola. Y el diccionario ocupaba su espacio con su cubierta roja que ya recuerdo ajada, y sus hojas sueltas que mi madre mantenía unidas con una goma. Lo usaba con frecuencia ya que le gustaba conocer el significado de las palabras que leía.

Ahora no sé cuando me hice con él, si antes o después de su muerte. No recuerdo si me lo dió o yo lo recuperé de la casa cuando falleció, pero lleva años en el mueble de los libros “viejos” y hace unos días, al cogerlo para hojearlo vi la nota manuscrita que hay en su portada dando cuenta de la fecha en la que se lo regalaron y “ya estaba usado”. Fue en 1932. En Málaga.