Los amigos muertos (q.e.p.d)

Publicado: 15/09/2011 en Relatos
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Hace unos día se me ocurrió la posibilidad de crearme un nuevo Blog aunque no sé todavía muy bien a qué lo dedicaría, para ello hoy he entrado en Blogger y me he llevado la sorpresa de que todavía existe mi primer intento de creación, allá por noviembre de 2007. En aquella Bitácora sólo puse dos post, uno de ellos fechado el sábado 24 de dichos mes y año y es el que ahora reproduzco aquí.

Lo llamé El Caos (igual que este, pero separadas las palabras) y se subtituló “Bitácora de menudencias”. Como autor del mismo utilicé el nombre del personaje de Italo Calvino, Barón de Rondó.

Esto fue lo que escribí:

Los amigos muertos (q.e.p.d.)
Hace unos días, hojeando la prensa, me encontré con unos datos sobre siniestralidad laboral. El tema no me atrae en absoluto pero unos cuadros estadísticos atrajeron mi atención y me detuve a leerlos. Se referían al año 2006 y concretaban con minuciosidad los muertos por sectores. La cifra fría, absoluta, sin discusión era de 6’3 fallecidos por cada 100.000 trabajadores.
Así, de repente, esa cifra no me decía nada. No sé si son muchos o pocos o todo lo contrario, no tengo conocimiento de los datos equivalentes en otros países. Es posible que en Suecia o Alemania sean bastantes menos y en Venezuela o en Marruecos más, o a lo mejor es al revés, no sé, tendré que profundizar más en el tema.
El sector agrario aporta 66 muertos, el industrial 195 y la construcción 306.
Primer pensamiento que me acude al magín: hay que tener cuidado y estar bien sujeto al andamio cuando te distraes para piropear a las mujeres que pasan por debajo.
El año 2007 parece que no va mucho mejor. Entre enero y agosto han sido 557 muertos y 219 en lo que llaman en su argot estadístico ministerial “in itinere“, es decir, los que se quedan en el trayecto, de ida o de vuelta, al “curro”.
Inmediatamente se me ocurrió que esto de morir “in itenere” es lo que le pasó a mi amigo Randy Rhoads, que acudía a su trabajo en avioneta mientras el resto de sus compañeros lo hacían en una furgoneta como lo han hecho toda la vida los componentes de bandas de rock que en el mundo han sido, “chupando” kilómetros y kilómetros de carretera sin los cuales parece que el rock está falto de alguno de sus componentes míticos.
Aprovecho para contaros que Randy fue un gran guitarrista, compañero y amigo, además de componente, de la banda de Ozzy Osbourne. Fue el típico niño al que su padre regala una guitarra durante su infancia y esto se convierte en una profesión en la que, además, destacará con el paso del tiempo. Nació en California en el remoto 1956 y guitarreó con una Gibson acústica con la que fue manejándose hasta los 14 años, cuando formó su primer grupo que sólo le duró 4 ó 5 meses. Siguió por esos derroteros hasta que a los 22 se topó con Osbourne, del que ya no se separaría hasta su muerte “in itenere“. Los miembros del grupo iban a Florida en su furgoneta pero él se desplazaba en avioneta con un piloto bastante cargadito, al parecer, de horas de vuelo pero también de alcohol, cocaína y cositas así; para más INRI tenía el carné caducado, pero bueno, esto es lo de menos. El caso fue que divisaron desde el aire la furgoneta y quisieron darle algún susto volando sobre ellos a escasa distancia del suelo, los reflejos del piloto parece que no eran los óptimos y terminaron pegándosela con el resultado que ya sabemos. Corría el día del padre de 1982 … aunque no sé si en Florida el 19 de marzo es el día del padre.
Este primer pensamiento se amplió. Se me ocurrió pensar si las estadísticas incluirían a los miembros de una de las profesiones que a mi me parecen más peligrosas a la vista de las bajas que en ella se producen: me refiero a la de músico de rock.
¡Cuantos amigos se han quedado en el camino! no sólo por culpa del alcohol y las drogas, y no todos, afortunadamente, han muerto.
Voy a dar un rápido vistazo a algunos de ellos.
Uno de los que salvaron milagrosamente su vida fue Robert Wyatt, cofundador y miembro destacado de Soft Machine durante la segunda mitad de los 60. Un dia de 1973 se encontraba de fiesta (¿reunión de trabajo?) en el apartamento de uno de los miembros de Pink Floyd, tenía alcohol en su cuerpo para regalar y, no se sabe muy bien como, terminó volando desde la ventana de un tercer piso y en una silla de ruedas para siempre. Todavía hoy graba discos y deja ver su inconfundible y barbada figura en algunos escenarios.
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