Esta canción viejuna va unida a unos recuerdos infantiles ya muy lejanos, por eso aprovecho para insertar junto a ella este texto que auna ambas cosas: recuerdos y canción.

El muelle de la estación ya era un lugar viejo y destartalado cuando, en mi niñez, lo frecuentaba. Se trataba de un espacio anexo a los andenes de viajeros que probablemente se utilizó para carga y descarga de camiones porque era amplio y con un edificio de piedra en el que se alineaban varias puertas  corredizas de madera elevadas del suelo al menos un metro y medio, de forma que un camión reculando se pudiera pegar a ellas y realizar la carga o descarga  más cómodamente.

El muelle estaba rodeado por una tapia también de piedra que dejaba tres aberturas en su perímetro que permitían la entrada y salida del espacio delimitado. Una de las entradas daba a una plaza cuyo nombre he olvidado, si es que alguna vez lo supe, (Plaza del Gobernador, sugún he averiguado después de escribir esto), otra daba a las vías del tren, que se podían atravesar tranquilamente por unos pasos que habían habilitado con las típicas traviesas de madera ferroviarias. La tercera estaba junto a la estación.  Esa tapia nos servía a los chavales  para subirnos y recorrerla en toda su longitud lo más deprisa posible, con las consiguientes caídas y correspondientes heridas en las piernas, casi siempre al aire, pues usábamos pantalón corto durante  la mayor parte del año.

En la entrada que daba a la plaza se encontraba un pequeño quiosco de obra en el que comprábamos los chicles y caramelos, los cigarros sueltos – Celtas cortos generalmente – y cambiábamos los tebeos, costumbre muy arraigada entre lo s niños de la época aunque generalmente los soliamos cambiar entre nosotros porque cambiarlos en el quiosco nos suponía un coste de varios céntimos por cada tebeo cambiado. También se cambiaban novelas del oeste, pero esto lo solía hacer mi padre.

Era el muelle una buena zona para jugar y montar en bicicleta sin peligro de coches. Ahí me enseñó mi madre a mantenerme sobre la mía una vez que le quitamos los ruedines traseros. Y este era también el lugar en el que se celebraba el baile durante las fiestas del Carmen, a mediados del mes de julio, que eran las fiestas de Pozuelo Estación, considerado un barrio, mi barrio (las de la Patrona, la Virgen de la Consolación, son en septiembre pero esas ya eran en lo que llamábamos Pozuelo de arriba). Montaban un escenario de tablones sobre el que se subía la orquesta o los músicos. Durante estos bailes los chavales permanecíamos pegados al muro observando a la gente bailar. Los más decididos se acercaban a las niñas y las sacaban. Yo eso lo recuerdo con cierta angustia porque nunca me atrevía y siempre pensaba que “a la siguiente canción la saco”… pero  a la siguiente volvía a pensar lo mismo. Recuerdo una canción muy celebrada en la que todo el mundo salía bailar, era “Dilaila” (así sonaba en mi cabeza) o, dicho correctamente, Delilah, de Tom Jones. Creo que yo nunca la bailé. Veo en la Wikipedia que esta canción es del año 1968 y ese es el año en que nos fuimos de Pozuelo, concretamente en marzo. Si las fiestas eran en julio quiere decir que ya no estaba allí cuando esa canción se pudo interpretar, por lo que el recuerdo puede estar equivocado o puede que aquel año regresara a Pozuelo para las fiestas. También es posible que fuera otra la canción y yo la confunda con esta. En cualquier caso aquí la dejo porque seguro que algo tiene que ver con mis recuerdos.

Vagamente recuerdo esas fiestas en el muelle, las luces, los puestos de churros, chucherías, las atracciones en la parte de la plaza, la ola, los caballitos, la tómbola, el tiro con perdigones, … y los fuegos artificiales, colocados también en el muelle de la estación.

De la web del Ayuntamiento saco la siguiente descripción que  me demuestra que mi memoria no iba muy desencaminada:

“El recinto ferial comprendía el espacio delantero del edificio de la Estación y de los muelles de la misma (parte ocupada actualmente por el centro comercial), delimitado por un muro, y la contigua Plaza del Gobernador. Frente a los muelles se instalaba una tómbola y a su lado una orquesta.

Al atardecer empezaba el baile para los jóvenes y menos jóvenes. Los pequeños, además, disfrutaban con la cucaña, instalada aproximadamente donde hoy se encuentra la fuente de la plaza próxima.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s